
Series: crítica de «El y ella» («His and Hers»), de Dee Johnson y William Oldroyd (Netflix)
Una asesinato en un pueblito cercano a Atlanta reúne a una pareja separada. El es un policía que investiga el caso. Ella, una periodista que lo cubre. Con Tessa Thompson y Jon Bernthal. Estreno de Netflix: 8 de enero.
Otro asesinato, otra serie policial basada en una novela que trata de descifrarlo: hasta acá, nada nuevo bajo el sol. Pero si uno observa en detalle, algunos datos de His and Hers llaman la atención. Quien desarrolló el proyecto, escribió y dirigió varios de sus episodios es William Oldroyd, un cineasta británico reconocido por películas como Lady Macbeth y Mi nombre era Eileen. Y el elenco está encabezado por la actriz de Selma, Creed y Hedda, Tedda Thompson, junto al siempre intenso Jon Bernthal (Daredevil, El contador, We Own this City). Esa mano de pintura de cierto prestigio puede hacer creer que El y ella propone algo distinto a la mayoría de estos whodunits policiales para adictos a la ficción criminal, pero en realidad no es tan así. Salvo por algunas escenas dramáticas que tocan las fibras más íntimas de los dos protagonistas, el resto de la serie no le escapa demasiado a las fórmulas al uso.
Basada en la novela homónima publicada en 2020 por la novelista y ex periodista británica Alice Feeney, His and Her toma como excusa narrativa las experiencias de una conductora de televisión que elige cubrir un caso que la toca de cerca, ya que no solo sucede en su pueblo natal sino que la víctima era una amiga suya de la adolescencia. Anna (Thompson) viene de un año sin trabajar como presentadora del noticiero de un canal de Atlanta tras perder a un bebé de pocos meses. Cuando regresa, su puesto está ocupado por otra periodista, Lexy (Rebecca Rittenhouse), y ella pide que le dejen cubrir un caso criminal que está en las noticias. Piensa que, al hacerlo y gracias a sus conexiones locales, le permitirá recuperar el puesto que perdió a manos de la «trepadora» (así lo siente ella y eso es lo que parece) Lexy.
La mujer que murió, víctima de 40 puñaladas, no es otra que Rachel, compañera suya del colegio. No es la única conexión con el crimen, ya que al llegar al pueblo del que es oriunda –un enclave blanco en un estado con alta densidad de población negra– se topa con que el policía que lo investiga es Jack Harper (Bernthal), su marido. Si bien no están divorciados, desde que perdieron al hijo se han distanciado: él siguió en el pueblo y ella desapareció del mapa. Y habrá más conexiones ya que muy pronto se revelará que Jack tenía una relación con Rachel, la fallecida. Así, la resolución del caso se verá trabada por las intenciones de Jack de ensuciar cualquier pista que pueda conducir la investigación hacia él, la tensión de lidiar con Anna –que le dificulta el trabajo– y los secretos que Anna tiene respecto al pasado y a la tensa relación adolescente que tenía con Rachel y otras amigas de la escuela, incluyendo a la hermana de Jack, Zoe (Marin Ireland).

Todo este caldo de cultivo termina armando una trama que tiene más de culebrón que de caso policial, ya que tanto los implicados como los investigadores y la prensa se conocen íntimamente entre sí. A ellos hay que sumarles a la tal Lexy, a su marido Richard (Pablo Schreiber) –camarógrafo y algo más de Anna–, al peculiar viudo de Rachel (Chris Bauer), a la enfermiza madre de Anna, Alice (Crystal Fox), a la más objetiva Detective Priya (Sunita Mani) y a una serie de revelaciones del pasado que van surgiendo en el transcurso de una investigación que avanza de un modo entre torpe, caprichoso y un tanto absurdo, dejando en claro que a Oldroyd y equipo los detalles detectivescos le preocupan poco y nada. Su interés pasa más por destapar esa olla a presión del «pueblo chico, infierno grande» que es ese lugar y poner en juego las tensas relaciones entre los personajes.
Donde His and Hers hace pie más firme –y donde justifica esa chapa de prestigio que la envuelve– es en las escenas entre Thompson y Bernthal, quienes de a poco van aflojando las broncas y tensiones que tienen entre sí para confesar zonas más dolorosas ligadas a su historia personal. Por fuera de eso, que quizás sea el único punto en el que la historia se sale de la fórmula, la serie se acomoda en un combo repetitivo que, además de incluir cabos sueltos, descubrimientos azarosos y otra serie de situaciones que desafían cualquier lógica, se apoya demasiado en un grupo de personajes crueles, ásperos y desagradables. Con la idea rectora de que podamos sospechar de todos ellos, El y ella termina ofreciendo un amplio panorama de posibles culpables, uno más desagradable o sospechoso que el siguiente. Incluyendo, en muchos casos, a los dos protagonistas, que bien podrían tener que ver con los crímenes.
A tal punto es así la serie que, cuando llegan sus resoluciones (que no es una, sino varias), es poco lo que importa saber quién o quiénes fueron los asesinos y cuáles fueron sus motivos. Con lo que uno se queda es con seis episodios que, aún siendo intrigantes y bien narrados, no logran escapar a las fórmulas que abundan en el mundo de la crime fiction. Algunos temas sugeridos de entrada –ligados al racismo, por ejemplo– quedan en segundo lugar y lo que empieza a cobrar más peso son las cuentas pendientes que tiene cada uno de los personajes, cuentas que en algunos casos toman características traumáticas. La adolescencia de las chicas –que aparece vía flashback— cobra ahí un peso importante, pero no para decir algo nuevo sobre esa etapa de la vida sino para reafirmar, una vez más, que la crueldad es algo que se aprende desde chico.



