Series: reseña de «Alguien tiene que saber», de Fernando Guzzoni (Netflix)

Series: reseña de «Alguien tiene que saber», de Fernando Guzzoni (Netflix)

por - Críticas, Estrenos, Online, Series, Streaming
16 Abr, 2026 03:06 | Sin comentarios

Un adolescente desaparece en una discoteca llena en Chile, dejando a un pueblo atrapado entre el miedo, el silencio y las sospechas. Con Paulina García y Alfredo Castro.

Hay policiales que ponen el acento en el whodunit, en saber quién lo hizo. Hay otros que priorizan los motivos, las razones, el mundo que rodea a las personas que están alrededor de un crimen o envueltos en él. Alguien tiene que saber toma de esos dos referentes –la intriga existe y, a la vez, los personajes son más importantes que la resolución del caso en sí–, pero a la vez se entrega y abre al enigma, al misterio, a la incomprensión de no entender cómo algo así pudo haber sucedido.

El planteo de la serie encabezada por Fernando Guzzoni es clásico, si se quiere hasta bastante convencional. Julio, un adolescente «normal» y en apariencia querido por todos, va una noche con amigos a bailar y jamás regresa a su casa. ¿Qué es lo que pudo haber sucedido? La madre (Paulina García) se pone sobre sus hombros la tarea de investigar su desaparición, levantando con ella a todo un pueblo que reclama por lo mismo. Pero las pistas no aparecen. Y la policía no logra dar con datos claves o determinantes. Todo se vuelve un gran enigma.

Lo más llamativo, para la madre de la potencial víctima o para Montero, el investigador de la policía que encarna Alfredo Castro, es entender cómo alguien que estaba en una disco con más de 300 personas a su alrededor puede desaparecer así sin que nadie se de cuenta. Y allí aparece la frase que da título a la serie: es imposible que ninguno sepa, alguien debería saber algo. Y la serie se dedica a explorar ese enigma.

A lo largo de sus episodios, Alguien tiene que saber se topa con más trampas que resultados. Hay una pareja, dueña de la disco, que tiene todo el aspecto de sospechosa, pero quizás por eso uno tiene en claro que no lo son. Hay un cura de la zona, el Padre San Martín, que recibe la confesión de alguien que dice haber participado en el crimen pero que por el secreto impuesto por esa tradición religiosa no puede revelar lo que le han contado. Y mientras la madre busca en público y el policía busca en privado, la serie va abriendo el panorama para tratar de entender ese enigma.

El caso se apoya en uno real que transcurrió en Chile en 1999: la desaparición de Jorge Matute Johns. Y si bien la serie se toma sus libertades respecto al caso real, mantiene el clima misterioso y enigmático que rodea al caso hasta la actualidad. Guzzoni se acerca por momentos a un relato más cercano a la investigación convencional, pero pronto nos damos cuenta que la serie aspira a otra cosa, a observar cómo los comportamientos alrededor del caso se alteran ante el peligro. Todos callan, los que saben y los que no. Y poco y nada se resuelve.

Producida por Fábula y dirigida por el propio Guzzoni y por Pepa San Martin, los episodios de Alguien tiene que saber van mostrando una sociedad chilena marcada por las apariencias y los silencios, donde todos parecen saber algo que no cuentan, por temor a lo que se pueda decir de ellos. La serie habla de la solidaridad performativa, de la crueldad online y de las miserias que surgen ante casos y situaciones como este, que involucra la desaparición de un adolescente en apariencia impoluta. Quizás las cosas sean un poco más complicadas de lo que se ve a primera vista. Quizás lo «performativo» no solo sea para los que lo miran de afuera. Desde adentro también muchas veces se vive así.

Con muy buenas actuaciones de García y Castro –los dos actores chilenos más internacionales de la actualidad si no tomamos en cuenta a Pedro Pascal–, Alguien tiene que saber husmea en cuestiones éticas, morales, religiosas, en la violencia social, en los rituales y tensiones entre los jóvenes y en esa diferencia generacional que, de a poco, va permitiendo entender que quizás no sepamos tanto de las vidas de nuestros hijos como creemos.