Estrenos online: crítica de ‘El libro para colorear’ (‘Color Book’), de David Fortune (Netflix)

Estrenos online: crítica de ‘El libro para colorear’ (‘Color Book’), de David Fortune (Netflix)

por - cine, Críticas, Estrenos, Online, Streaming
22 Jun, 2026 08:42 | Sin comentarios

Un padre en duelo y su hijo con síndrome de Down cruzan Atlanta rumbo a un partido de béisbol, convirtiendo un viaje simple en una aventura de reconexión.

De una simpleza admirable y un estilo que trae a la mente el neorrealismo clásico y sus relecturas posteriores, Color Book es una pequeña gran película sobre un padre y un hijo, de esas que bien se pueden ver en relación al festejo de un Día del Padre. Es una historia sencilla, como aquella que daba título al film homónimo de David Lynch, contada con recursos honestos, verdaderos y que emociona sin jamás utilizar golpes bajos. De una llamativa simpleza para los estándares de Netflix, filmado en blanco y negro y sin actores conocidos, la opera prima de David Fortune —que viene de ganar premios en diversos festivales— es un film querible y humanista acerca de los placeres y dificultades de la relación entre un padre y su hijo.

Lucky (William Catlett) es el papá de Mason (Jeremiah Daniels), un chico de once años con Síndrome de Down. De entrada nos enteramos que la madre acaba de morir y que ha quedado al cuidado solo de Lucky. Y en el entierro nos queda claro que la pérdida no es solo enorme para ellos dos sino para toda la comunidad que la quería. Para Lucky, que seguramente depositaba buena parte de la tarea de estar con el chico a la madre, es un cambio doblemente radical. Y compartir el día a día con él es placentero, sí, pero le suma una serie de obligaciones que no está acostumbrado a tener que hacerse cargo.

A eso hay que sumarle el duelo y el dolor que conlleva, por lo que no la tiene fácil. Tampoco Mason, que sigue esperando a la madre y no se adapta del todo a cómo él hace ciertas cosas. Es, de todos modos, una relación bastante poco problemática. Mason es cálido, tranquilo y callado. Pero Lucky no termina del todo de reconectarse con él. Hasta que acepta la propuesta de un amigo que consigue entradas para ir a ver un partido de béisbol y decide atravesar los suburbios de Atlanta para llegar al estadio con el chico. Y ese plan —esos complicados viajes— serán el centro de la «acción» del film.

Se trata de un relato de pequeñas peripecias que se apoya en la lógica minimalista del neorrealismo, tanto en su versión década del ’50 como en relecturas posteriores, como las de cierto cine iraní (tiene algo de The Traveler, de Abbas Kiarostami, y por motivos que se volverán evidentes, El globo blanco, de Jafar Panahi, entre otras) y el de otras latitudes. Un auto que no funciona, una serie de equívocos y confusiones, un deseo del chico que el padre no quiere cumplir, y el largo viaje empieza a enredarse de a poco, sin prisas pero sin pausas.

Los giros de la trama son, en cierta medida, secundarios. Libro para colorear no es una película ni de suspenso ni busca enganchar al espectador con trucos narrativos huecos. Sí, habrán complicaciones en el viaje, pero viendo la película uno sabe que Fortune no intenta «explotar» la situación haciendo correr peligro a los protagonistas. Son giros que, más que cualquier otra cosa, aparecen para ir fortaleciendo de a poco un lazo que hay que reconstruir a partir de la ausencia. Por temática, el film hace acordar a la reciente My Father’s Shadow y, por estilo, tiene más cercanía con el indie americano de décadas pasadas, uno desprovisto de cualquier truco o afectación modernista, estética o narrativa.

Con un blanco y negro bellísimo —cortesía del DF Nikolaus Summerer—, minimalista música de jazz que acompaña las acciones sin entrometerse demasiado y muy lírica a la hora de describir los suburbios populares de Atlanta, Color Book es un film de detalles: el libro para pintar que da título al film, las pequeñas relaciones que ambos establecen en su viaje, preparar la comida, rezar antes de dormir o lavarse los dientes. De esos pequeños detalles está compuesta esta bella película que merece ser descubierta en medio de la usualmente más bombástica programación de Netflix. Un pequeño resquicio para el cine independiente en el corazón del mainstream.