
Series: crítica de ‘El testigo’ (‘The Witness’), de Rob Williams (Netflix)
Un padre y su hijo intentan sobrevivirse mutuamente y al duelo, años después de un asesinato en Londres que los marcó para siempre. En Netflix.
A partir de una situación genérica y conocida —un crimen real que ocurrió en Londres a plena luz del día en 1992 que conmovió a los ingleses—, las series británicas se las arreglan para generar productos interesantes o al menos diferentes a los habituales. Cualquier serie tradicional sobre un tema similar se habría enfocado en los detalles del crimen y de la investigación policial dejando en segundo plano cómo los familiares —en este caso, marido e hijo— lidian con el caso. The Witness hace la apuesta contraria y la duplica. No solo se ocupa más de los familiares y de su relación que de los detalles de la investigación en sí sino que el eje lo pone en cómo sigue la vida de ese tándem padre-hijo una década o más después del asesinato.
Su creador, Rob Williams (Suspicion), elige ir directo al grano sin mucha previa ni prolegómeno, quizás porque el caso es muy conocido en Gran Bretaña y una larga introducción resulta innecesaria. O, quizás, porque al tener solo tres episodios, no estamos ante esas series que estiran todo para llegar a ocho. Lo cierto es que de entrada vemos a una mujer, Rachel Nickell, andando por Wimbledon Common —unos grandes y en apariencia muy tranquilos parques en la zona sudoeste de Londres— con su pequeño hijo Alex (Jahsaiah Williams), que no llega a los tres años, cuando la vemos frenar ante alguien y, tras un sonoro y brusco corte, entendemos que fue asesinada.
El niño sobrevivió y es, shockeado y con limitadas capacidades verbales hasta para entender qué sucedió, el único testigo, ya que el asesino no lo mató. El otro familiar que quedó, y que no estaba ahí, es el marido de Rachal y padre de Alex, André (Jordan Bolger). Rápidamente el caso explota en los medios y se vuelve un tema nacional, con la prensa más informada que la policía y la familia. Y al principio la serie se centra en las dificultades de la policía, las autoridades, los psicólogos y André en tratar de que el pequeño pueda dar algún tipo de testimonio —dibujado quizás— de lo que vio, aunque eso implique exponerlo a una serie de traumáticas situaciones.

Pero si bien El testigo seguirá el curso de la investigación y pronto —presionado por los medios— darán con un sospechoso al que le ponen todas las fichas, la serie dará un salto de una década en el tiempo para ver cómo siguen las vidas de André y un adolescente Alex (Max Fincham) en Barcelona, donde se han radicado para dejar de ser perseguidos por los medios. Y allí, por fuera de la investigación y del caso que sigue su marcha, la serie se fijará en las secuelas emocionales de ambos, en la dificultad de su relación, en las tensiones que viven cotidianamente a partir de la experiencia vivida y de dificultades que surgieron posteriormente que iremos descubriendo.
Y el interés de la serie pasa más por ahí que por la línea de investigación, que igualmente la serie hará avanzar. ¿Cómo siguen viviendo un padre y su hijo tras un crimen como el que atravesaron? ¿Cómo se comunican y se relacionan con los demás? ¿Cómo recomponen y sostienen sus lazos? Acá está el agravante de que en cierto modo deben ocultar quienes son —si se supiera su paradero la prensa les caería encima— y eso les suma más dificultades. Yendo y viniendo en el tiempo, la serie va entrelazando esa relación con las continuas torpezas policiales, la presión mediática y, de a poco, algunos avances en la investigación. The Witness no se ocupa mucho de darnos a conocer quién fue Rachel, pero tengo la impresión que la lógica que persigue esa idea es intentar no revictimizarla.
Es cierto que la serie —en la que participaron, como consejeros, los propios protagonistas de la historia— cae como tantas en insistir, una y otra vez, con momentos de rebeldía y de choques entre padre e hijo, con el adolescente actuando de maneras arriesgadas y complicadas ante un padre que, ya imposibilitado de cuidarlo, parece rendirse ante la evidencia de que debe dejarlo ser quien es y asumir los riesgos que eso implica. Para André, tras la experiencia vivida, no es fácil soltar. Para Alex, no es fácil seguir viviendo. Y el viaje de la serie no pasa tanto por saber quién mató a Rachel sino por entender cómo los dos la sobreviven y, a su modo, pueden honrar su memoria.



