Estrenos online: crítica de ‘No se desea buena suerte’ (‘Don’t Say Good Luck’), de Julia Hart (Netflix)

Estrenos online: crítica de ‘No se desea buena suerte’ (‘Don’t Say Good Luck’), de Julia Hart (Netflix)

por - cine, Críticas, Estrenos, Online, Streaming
14 Ago, 2026 02:17 | Sin comentarios

La directora de ‘Fast Color’ construye un cálido relato de crecimiento en el que las aspiraciones teatrales de una adolescente chocan con una tragedia familiar.

En la jerga teatral no se dice «buena suerte» antes de arrancar con una función. En Iberoamérica se usa la expresión «mierda» o «mucha mierda», derivada del francés merde. En Estados Unidos se usa una distinta: break a leg o «¡Rómpete una pierna!» En el fondo, es lo mismo: funciona como una suerte de psicología inversa, la de desear algo malo para que suceda algo bueno. Esos juegos de palabras se cruzan en No se desea buena suerte, la nueva película de la productora de Adam Sandler en su faceta de benevolente padre de las que más de uno podría considerar sus «nepo babies».

Lo cierto es que los films que ha producido y que son protagonizados por sus hijas, Sunny y Sadie, son más que dignos, bastante aceptables versiones de subgéneros juveniles, como la comedia o el drama familiar siempre en el marco de historias de crecimiento (las famosas coming-of-age stories). Aquí, Sunny —la menor de las dos hijas, de ahora 18 años— es la protagonista, interpretando a una chica de 16 que sueña con actuar en una puesta musical de su escuela pero tiene que lidiar a la vez con los problemas de salud de su madre. Si bien no descubre nada nuevo dentro del formato, el nuevo film de la escudería Sandler tiene —como el anterior, ¡No estás invitada a mi Bat Mitzva!— una sensibilidad y una frescura notables, que hablan a la vez del buen gusto y las buenas decisiones de sus precoces protagonistas.

Sunny (aquí la mayor Sadie no aparece, tampoco lo hacen Adam ni su esposa) encarna a Sophie Birenbaum, una chica que actúa y canta y que se acaba de anotar para la audición del musical Waitress que harán en su escuela secundaria (Nota: la historia del musical y de la película en la que se inspira vale para otra nota). Sophie vive con sus padres, Elizabeth (Melanie Lynskey) y Ted (Max Greenfield), y con sus dos hermanitos menores, mellizos y el terror de la casa. Pero su tarea se ve interrumpida por la noticia de que el cáncer de la madre, que estaba en remisión, ha vuelto. Y Sophie tiene que encontrar la manera de manejar esos dos ámbitos de su vida.

Al conseguir el rol principal en la adaptación del musical, el trabajo será arduo y habrá además ahí un interés extra: el chico que le gusta (Jack Champion) actúa junto a ella y tiene que besarlo… en la obra. Pero la noticia de la enfermedad de su madre desvía su atención por completo. A la par, tanto Elizabeth como Ted —que son dueños de un local de comidas— deciden que es mejor que la chica se ocupe de sus cosas que de la salud de su mamá, por lo que le ocultan un poco la gravedad de la situación.

No se desea buena suerte lidiará a la par con la vida de Sophie en la escuela, que incluye una complicada relación con su mejor amiga (Scarlett Estevez) que toma cierta distancia de ella por motivos que Sophie inicialmente no entiende, una compañera (Elyse Bell) interesada en el mismo chico que ella, y su propio temor a poder hacer bien el papel principal de la obra, que dirige la amable profesora Morales (Scarlett Estevez). Y, por otro lado, la película se ocupará del creciente descalabro que se va produciendo en su casa, situación que incluye la llegada de sus abuelos (Bebe Neuwirth y Steve Buscemi) para ayudar a la cada vez más frágil madre.

La película coescrita y dirigida por Julia Hart (Fast Color, I’m Your Woman) tiene más humor y es más ligera de lo que uno podría imaginar por su característica de «cancer movie», pero a la vez asume sin pudores su costado de film emotivo y lacrimógeno, situación a la que previsiblemente —aunque de un modo más elaborado que lo necesario— llegará. Lynskey es una gran actriz que puede darle verdad y humanidad a un papel escrito de una manera bastante convencional (la mujer es poco menos que una santa) y la pequeña Sandler vuelve a demostrar aquí una naturalidad y una frescura para actuar alejadas de cualquier cliché típico de los niños actores. Hasta su voz cantando exigentes números de Broadway tiene una calidez no profesional que la hace más rica en matices que la de sus muy entrenados coprotagonistas del musical dentro del film.

La productora Happy Madison —dedicada a los films de Adam Sandler, la mayoría de ellos comedias bastante francas— en sociedad con Netflix parece haber encontrado un interesante nicho en estas películas para adolescentes que son accesibles para públicos de todas las edades. Todas ellas tienen humor, ingenio y alguna conexión —vía un actor o alguna referencia— con el mundo de las películas de su padre, pero poseen su propio punto de vista y su sensibilidad. Son mucho más que un gesto vanidoso de un padre célebre que produce películas para sus hijas. Acá termina de quedar en claro que la familia Sandler ha llegado con otra generación de personas talentosas.