San Sebastián 2026: crítica de ‘Sants’, de Mikel Gurrea (Competición)

San Sebastián 2026: crítica de ‘Sants’, de Mikel Gurrea (Competición)

por - cine, Críticas, Festivales
25 Sep, 2026 02:14 | Sin comentarios

Una mujer vuelve a casa para acompañar a su madre moribunda y termina trabajando con una banda que roba santos de iglesias y cementerios. Con Victoria Luengo, Ariadna Gil y Eulàlia Ramon.

Lali vive lejos de su casa en Barcelona y tiene poco contacto, aparentemente, con lo que pasa allí. Un día, trabajando un paraje lejano, recibe un llamado con una muy mala noticia: su madre tiene una enfermedad terminal y está en un grave estado. A partir de eso Lali deja todo y viaja hacia allí, a acompañarla en lo que parecen ser sus últimos meses o acaso semanas de vida. Pero al volver tendrá que conseguirse un trabajo y la curiosa oportunidad que le aparece la llevará por caminos impensados.

Lali (la muy demandada Victoria Luengo) es una chica directa y seca, con calle, de esas que no parecen temerle a nada ni a nadie. De hecho, su vuelta y su reencuentro con su madre (Ariadna Gil) deja entrever un pasado complicado y una relación no particularmente buena ni amable. Pero Lali está allí, cumpliendo con su deber, tratando de ayudarla, por más que no entienda su súbita devoción por la religión, tema al que su madre nunca había prestado mucha atención antes.

Pero para subsistir tiene que trabajar y una serie de extrañas coincidencias termina depositándola en la banda de Rosario (Eulàlia Ramon), una mujer que maneja un equipo dedicado a robar figuras de santos de iglesias, parroquias y cementerios locales para luego venderlas en el mercado negro. Y Lali prueba ser buena en la tarea, integrándose rápidamente a la banda. A la vez, como su madre está cada vez peor, Rosario se ofrecerá para ayudarla… a su manera.

El director de origen vasco radicado en Cataluña regresa a San Sebastián tras el éxito de su opera prima, Suro, con un film que entrelaza constantemente un drama familiar con una trama más propia de un relato criminal y con la religión —o, mejor dicho, la devoción por ciertos símbolos— como insospechado lazo entre ambos. Más que nada lo que la película hace es seguir a Lali en su regreso, compartiendo sus vivencias, experiencias y sensaciones, tratando de ver cómo esa mujer endurecida por la vida va atravesando situaciones que exigen algo impensado y quizás nuevo de su parte.

Sants funciona muy bien como drama familiar, presentando una relación inicialmente áspera entre una madre y su hija, relación que de a poco empieza a encontrar otros ángulos, otras posibilidades. Como ficción criminal el relato funciona, pero es creativamente un tanto más endeble, acumulando una serie de situaciones —que involucran en todos los casos robos de santos— algo prototípicas y que no escapan a las convenciones de tantas historias de ladrones y sus silenciosos robos. La música (y algún personaje secundario) que Gurrea utiliza en estos segmentos no están a la altura del núcleo central.

En donde mejor funciona Sants es en sus inesperadas conexiones entre ambos mundos. Es que Rosario es una líder criminal un tanto particular —ya verán cómo— y su manera de relacionarse con los que la rodean tiene algo que la conecta espiritualmente al tipo de robos que comete, cierta aparente devoción religiosa que la lleva a acercarse a la madre de Lali y proponerle una impensada ayuda. Y allí la película conecta con sutileza el lado más realista y callejero con su costado si se quiere místico, tratando de explorar las áreas en las que una cosa se manifiesta en la otra.

Sants es un film de actrices y las tres mujeres que lo protagonizan lo impulsan allí donde parece que flaquea. Luengo es todo dientes apretados y sufrimiento contenido en su rol protagónico mientras que Gil se luce encarnando a una madre físicamente frágil pero que, a su modo, le presenta batalla a la muerte. Pero es la veterana actriz de Dispara! —y también directora, además de viuda de Carlos Saura— la que sorprende con su caracterización de una mujer que, tanto o más que las otras, esconde una gran sensibilidad por debajo de una apariencia firme y rocosa. Las tres le dan a Sants esa áspera humanidad que la caracteriza.