
Estrenos online: crítica de ‘Animales’ (‘Animals’), de Ben Affleck (Netflix)
Ben Affleck y Kerry Washington encarnan a un aspirante a alcalde de Los Ángeles y a su esposa, quienes enfrentan un pedido de rescate que pone a prueba su campaña, su matrimonio y su ética. Con Gillian Anderson y Steven Yeun. Estreno: 9 de octubre en Netflix.
La propuesta de Animales tiene algo curioso, aún en su familiaridad. Podría, de hecho, inaugurar un formato. Un año después de que Spike Lee filmara Highest 2 Lowest, una remake de la película japonesa de Akira Kurosawa High & Low, Ben Affleck hizo su propia versión de la misma historia. Las diferencias entre el film de Affleck y los previos son, a la larga, bastantes, quizás los suficientes como para ameritar esta nueva versión, pero la pregunta que surge al verla es «¿por qué?». De hecho, uno podría imaginar una suerte de competición en la cual muchos cineastas hicieran su propia versión de esa misma historia y ver a quién le sale mejor.
Lo doblemente curioso de esta súbita fama del film de 1963 del maestro japonés es que no se trata de un texto con un guiño formal específico como puede serlo Rashomon, otra película suya cuya idea central —un mismo hecho visto y contado de distintas maneras por diferentes testigos— fue repasada más de una vez. O Yojimbo, cuya estructura —un protagonista que juega a dos bandas, enfrentando a unos con otros— permite también traslados de todo tipo, como bien lo aprovecharon Sergio Leone y Walter Hill. No. High & Low es una trama cuyo gancho narrativo principal tiene que ver con un secuestro que es más enredado de lo que parece.
Ben Affleck encarna a Mark Kimball, un ambicioso político que se presenta como candidato independiente (no pertenece ni al Partido Republicano ni al Demócrata) para el cargo de alcalde de Los Angeles. Casado con Abigail (Kerry Washington) y con un hijo preadolescente llamado Denny, Mark tiene que hacer un enorme esfuerzo económico para competir con los grandes y aún así va perdiendo. Su principal objetivo es convencer a los habitantes latinos de esa ciudad de que él los tiene más en cuenta que su rival, una mujer de ascendencia hispana, por lo que su objetivo es conquistar a ese electorado. Ese detalle importante en la trama sirve para que Affleck hable muchas veces en castellano, con ese tan particular acento y tono que lo caracteriza.

En su enorme caserón de Hollywood Hills vive también Cecilia (Adriana Paz), una mujer mexicana que trabaja para ellos como empleada doméstica, ayudándolos con la casa y la crianza del hijo. Y la mujer tiene un novio, Ramón (Luis Gerardo Méndez), cuyo hijo Héctor se ha hecho amigo de Denny. Cuando los dos amigos salen en plan «trick or treat» de Halloween junto a Cecilia y Ramón, los Kimball se quedan en la casa lidiando con los problemas desu relación, que es más complicada de lo que se deja ver. Hasta que un llamado telefónico los sacude. Es la voz digitalmente modificada de un hombre que asegura haber secuestrado a su hijo. El hombre pide siete millones de dólares de rescate esa misma noche. Y los Kimball desesperan.
Es Sam (Steven Yeun), la mano derecha del candidato, el que pone paños fríos. Primero cree que es un falso secuestro pero cuando lo convencen de que es cierto, el hombre les propone contratar a Dayle Burton (una gélida Gillian Anderson), una mujer que por una alta comisión del 20 por ciento del total los ayudará a negociar con el secuestrador. La dupla acepta, la mujer llega y cuando las tensas negociaciones entre las partes comienzan, una sorpresa lo cambia todo y obliga a repensar las cosas. Para no spoilear un asunto que conocerán los que vieron los films de Kurosawa y Lee, solo diremos que el secuestro es más raro de lo que parece en un principio, que involucra también a sus empleados mexicanos y, sobre todo, que las decisiones a tomar se alteran a partir de eso.
De ahí en adelante, Animals va tomando distancia del planteo del film de Kurosawa, no tanto desde el lugar ético en el que pone a sus protagonistas sino desde la formulación específica de la trama. Affleck, en su sexto film como realizador, pone el acento más en la tensa relación entre la pareja —tanto uno como otro tienen secretos que saldrán a la luz— y en las connotaciones raciales ligadas al caso en sí. Es que para Mark es imposible desligar lo que sucede de su campaña política, ya que cualquier problema con la comunidad latina significaría para él el fin de su carrera a la alcaldía. Y es eso, más que cualquier otra cosa, lo que lo conduce a seguir adelante con el rescate. A su manera.

Más acotada en cuanto a estructura y espacios que las otras versiones —que empiezan en una gran casa y luego parten al exterior—, Animales se mantiene durante un buen tiempo como un drama de cámara entre media docena de personajes. Es que, además de los conflictos de la pareja, el realizador de Argo y The Town lidia con lo que les sucede a Ramón y a Cecilia, y a los manejos de Sam y Dayle, que proponen distintas ideas respecto a cómo lidiar con el secuestrador. El cambio principal respecto a las otras versiones pasa por poner el rapto en el contexto de una campaña política, por la cual el motor de las decisiones a tomar pasa más por la imagen pública que por la ética de los protagonistas.
Affleck narra con la destreza y convicción que lo caracterizan —sigo creyendo que es mejor director que actor, y las escenas más dramáticas aquí lo demuestran— una trama que presenta sus propios desafíos y dilemas, luciéndose especialmente en la única secuencia de acción que tiene su película. Es más que claro que Animals no logra estar a la altura de la película original, que es una obra maestra de la historia del cine. Y tengo la sensación de que tampoco logra el impacto de la remake de Spike Lee, quien aún siendo más fiel que él a la trama del film de Kurosawa, logra una película más personal, desde la manera en la que la filma y el contexto sociocultural en el que la inserta. Affleck es un cineasta competente, hábil, pero a la película le falta la crudeza y la intensidad que tienen las otras.
Lo más interesante que tiene el film para ofrecer pasa por las diferencias, por cómo Animales observa a la clase política y la manera en la que tratan de manipular la información y la imagen para conseguir votos, sea como sea. En medio de eso, la película ofrece una serie de inteligentes apuntes sobre la relación con los latinos en particular, una fuerza electoral inevitable en esa ciudad. Pero sobre todo, Affleck habla de algo que conoce en profundidad: la cultura del cuidado de la imagen, de armar narrativas para el consumo de la gente aún cuando eso no necesariamente represente lo que sucede en la realidad. El secuestro en sí no le preocupa tanto —de hecho, la película tiene enormes agujeros narrativos al respecto—, lo que le importa es la narrativa pública que los protagonistas inventan a partir de eso.



