
Estrenos online: crítica de ‘Norm: La historia de Norm Macdonald’, de Judd Apatow (Netflix)
Este documental recorre la vida y la carrera de la leyenda del stand up desde su ascenso como presentador de «Weekend Update» de Saturday Night Live hasta su legado como comediante de comediantes.
En los últimos años Judd Apatow ha dejado un poco de lado sus comedias de ficción —la última en estrenarse, La burbuja, fue un fracaso en toda la línea— y se ha dedicado a los documentales sobre comediantes, un tema que lo fascina y del que es un asumido estudioso. Ya ha hecho films sobre Mel Brooks, Garry Shandling, George Carlin y uno sobre María Bamford que Netflix estrena el 23 de octubre. Y todos ellos logran ser exhaustivos y profundos, tratando de ir más allá de lo que todo el mundo conoce acerca de esas figuras para presentar un retrato biográfico completo pero uno que a la vez tiene un punto de vista claro. No es tirar datos de Wikipedia e info biográfica y sumarla a unos Grandes Exitos y entrevistas. Es tratar de encontrar a la persona por detrás de todo eso.
Con Norm: La historia de Norm Macdonald se puso un objetivo difícil. Este comediante canadiense, popularizado por las años en los que estuvo en el programa de TV Saturday Night Live pero considerado como uno de los mejores artistas de stand up de todas las épocas, nunca ha hecho de su vida parte de su rutina. No fue un comediante autobiográfico ni confesional ni nada por el estilo. Se sabe poco de su vida porque siempre dio datos falsos, la consideró un tema más para las bromas y punto. Ante esa dificultad —y tratando de respetar su elección—, Apatow prefirió centrarse casi por completo en su trabajo y en su conexión con otros comediantes, todos admiradores suyos. Lo poco que se contará de su vida personal saldrá de la propia voz de Macdonald leyendo el audiolibro de su autobiografía. Y punto. De hecho, él mismo consideraba a ese libro como uno de ficción. «No es autobiográfico pero es verdadero», le dirá a un incrédulo Larry King en una de las muchas entrevistas que le dio.

Macdonald era un comediante de culto. O, dicho de otro modo, comediante de comediantes. Para sus pares, todo lo que hacía era extraordinario y generaba una admiración total. Tenía también muchísimos fans y público «normal», pero nunca fue una superestrella de esas que dan show en estadios o protagonizan películas, como muchos otros que pasaron por SNL. Apatow no aporta aquí las clásicas entrevistas en las que sus colegas hablan de su obra ya que el formato elegido para incorporar todo el material se arma como constantes búsquedas de Google, que parece auspiciar el documental.
Norm va avanzando como intentando imitar a un curioso que entra a las redes a buscar material de Norm Macdonald y se pone a navegar por YouTube sin poder parar un momento de reírse durante horas, días y quizás semanas. Hay tanto y tan buen material online, parece decir Apatow, que lo mejor que puede hacer su documental es una curaduría sobre él: hilvanarlo, conectarlo, tender puentes comunicantes entre sí, organizarlos. No a partir de apuntes biográficos —en ese sentido la película va y viene en el tiempo— sino por ejes temáticos o a partir de algunos momentos clave de su vida.
El humor de Macdonald podía ser directo, seco y cortante, con su acento marcado y su dicción velocísima, por lo que muchas de sus bromas podían pasar de largo a buena parte del público. Podía parecer brusco y agresivo, pero era parte de su personalidad como comediante de stand up, el registro en el que se sentía más cómodo y en el que, decía, lo define. Si bien su influencia fue enorme, son pocos los comediantes actuales que van por esa línea, ya que parece haber triunfado un estilo más personal y biográfico. Norm aprendió a contar chistes a la antigua de parte de su padre y nunca perdió de vista ese lugar: el de un cómico que cuenta cosas graciosas que no tienen necesariamente que ver con su vida. Fue, a la vez, un cómico que demandaba mucho a su audiencia. Su intención jamás fue la risa fácil sino la que surgía del entendimiento profundo del significado de cada broma, por más brutal que pareciera a primera vista.

El documental pasará por momentos icónicos de su carrera: sus años conduciendo el Weekend Update de SNL —segmento de fake news en el que podía ser muy brusco y donde se metió en problemas por sus constantes bromas sobre O.J. Simpson en la época de su juicio—, sus complicadas experiencias cinematográficas, sus declaraciones controvertidas, sus años haciendo reír a los conductores de los talk shows que lo invitaban —David Letterman y Conan O’Brien no paraban de reírse cada vez que lo llevaban a sus shows—, sus fallidos programas de TV, algunos momentos y rutinas icónicas, sus podcasts y especiales de comedia. Apatow va directo al grano y, un poco como el propio Norm, su película es una batería constante de bromas, ironías, bits y comentarios hilarantes.
Más cerca del final, un poco como lo hizo Norm también, la película se pondrá un tanto más reflexiva al hablar de la enfermedad, la religión y la muerte —Macdonald hablaba mucho del tema en general pero no mencionaba nunca sus problemas de salud—, y hasta dará lugar a un par de inesperados momentos emotivos en público. Pero la broma estará a la vuelta de la esquina, respetando una manera de entender el humor que no es complaciente ni condescendiente sino que siempre espera que el público esté a la altura del humor. Norm: la historia de Norm Macdonald es un justo homenaje a uno de los más grandes comediantes de todos los tiempos, uno que tensaba los límites de lo aceptable en esa forma artística pero siempre aflojaba esa cuerda con una sonrisa franca. En el fondo y disimuladamente, quizás como todos los comediantes, solo quería ser querido.



