Estrenos online: crítica de ‘Tony’, de Matt Johnson (Prime Video)

Estrenos online: crítica de ‘Tony’, de Matt Johnson (Prime Video)

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26 Oct, 2026 10:49 | Sin comentarios

En el verano de 1975, un joven Anthony Bourdain (Dominic Sessa) llega a la cocina de un restaurante de Cape Cod, donde el chef José (Antonio Banderas) y un amigo problemático (Leo Woodall) empiezan a moldear al hombre en que se convertirá. En Prime Video.

Un «building’s roman«, dice Tony que planea escribir. «Una conversación metafórica entre George Orwell y Jack Kerouac», añade. «En un papiro», concluye. El joven Anthony Bourdain intenta conseguir una beca para jóvenes escritores y presenta su proyecto a tres profesores de Vassar que lo miran y no pronuncian palabra. El tipo está seguro que la conseguirá hasta que su madre, Gladys (Dagmara Domińczyk), le aclara que «building’s roman» no es un término existente sino que en realidad se escribe Bildungsroman y es una palabra alemana traducible como coming-of-age. «Espero que no lo hayas puesto así en tu aplicación», le dice entre risas.

En un par de escenas, Tony define claramente varios de sus ejes. Queda allí claro que Bourdain (Dominic Sessa, el actor revelación de Los que se quedan) es un joven de 19 años un tanto creído y pretencioso que sueña con ser escritor y se siente superior a la media de sus compañeros, pero también que su familia (su madre periodista, especialmente) es muy crítica y exigente con él. Y, de paso, el realizador Matt Johnson nos anuncia lo que veremos: un bildungsroman, un coming-of-age, una historia de crecimiento que marca el inicio de la transformación de ese joven pedante en el famoso cocinero, escritor y conductor de programas televisivos Anthony Bourdain.

Falta, claro, la motivación principal, el eje narrativo que —especialmente en esa época— parecía movilizar al mundo, especialmente el masculino: conquistar a una chica. Tony ha quedado impactado tras su reencuentro con Nancy (Emilia Jones), una compañera del secundario de la que estaba enamorado, y quiere impresionarla. La chica, sin embargo, no le presta demasiada atención. Cuando Tony se entera que no ha ganado la beca soñada, decide mentirle a su familia e irse por su cuenta a Provincetown, en Rhode Island, un pueblo turístico de playa en el que, le cuentan, Nancy está viviendo. Al llegar allá todo le sale mal: descubre que la chica tiene pareja, se emborracha en un bar, lo muelen a palos y le roban su dinero.

Al verlo tirado en el piso durante horas, el cocinero principal y dueño de ese restaurante llamado The Flagship, Chef José (Antonio Banderas) se apiada de él, se lo lleva a su casa y lo deja dormir en una hamaca en el porche. De allí en adelante, Chef —así todos lo llaman, su ascendencia podría ser española, portuguesa o brasileña, es parte del chiste— le irá dando una educación culinaria similar a la de las películas Karate Kid pero en una cocina: lo despertará con un balde de agua fría, lo hará llevar a cabo las tareas más ásperas del restaurante y, confía, el tipo así aprenderá, además de «pagarle» por poder dormir en esa hamaca a la intemperie. Tony, convengamos, no tiene muchos deseos de aprender a manejarse en una cocina: quiere que Nancy le preste atención y seguir jugando la farsa del escritor que prepara su novela.

Tony transcurre en el verano de 1975 y se basa en historias que Bourdain contó en su popular autobiografía Kitchen Confidential editada en el año 2000 y se ocupa de los personajes, desventuras, desencuentros, alegrías y tristezas que formarían buena parte del personaje en el que se convertiría. Ese verano en la costa, trabajando a destajo en el caótico restaurante, se verá marcado además por la presencia de Sal (Leo Woodall), un compañero de esa cocina con mucha más experiencia en la materia que se transforma en uno de esos amigos problemáticos, un tipo cuya intensidad es atractiva y peligrosa a la vez. Si Sal es la «influencia negativa» (el «devorador de pecados» como lo definirá el Chef), el personaje de Banderas es el sensei: ese maestro cuya dura educación se sufre en tiempo presente pero se aprende a valorar en el futuro.

Con una extraordinaria banda sonora de temas de la época (una que incluye a Thin Lizzy, Faces, War, The Stooges, Brian Eno, Karen Dalton pero también a «nuestro» Leonardo Favio sonando de fondo en el restaurante), Tony es un homenaje a Bourdain que, durante casi todo el desarrollo de la película, se mantiene fiel al espíritu un tanto irreverente y directo del autor, utilizando los recursos del coming-of-age pero sin perder una buena dosis de realismo. La camaradería conflictiva en el restaurante, las salidas nocturnas de Tony y su personalidad no demasiado atractiva —es un mentiroso compulsivo— le dan al film una característica más áspera que la mayoría de los de su género. Y en eso tiene que ver la elección del canadiense Johnson (Operation Avalanche, BlackBerry), un realizador acostumbrado a manejarse en ese tono y con personajes que al espectador suelen resultarle un tanto incómodos.

Es por eso que su última parte —su resolución, si se quiere— se siente un tanto falsa, como impulsada por algún productor o estudio que quizás pensó que la película debería tener un cierre más tradicional y amable de lo que venía siendo hasta ese momento. Más allá de ese comprensible desliz, Tony es una muy buena película y Johnson prueba que puede manejarse también muy bien en un proyecto un tanto más comercial en espíritu que sus anteriores. Sessa es uno de los actores más talentosos de su generación y el rol de pendenciero querible le cae como anillo al dedo. Woodall está mejor que nunca con un personaje brusco y carismático, muy en la escuela James Dean de la vida. Y Banderas se luce en uno de los roles más atractivos que ha hecho en el cine de Hollywood.

A Bourdain le habría gustado la película. Quizás hubiera comentado que el postre no estuvo a la altura del resto de los platos —quizás un tanto empalagoso—, pero habría recomendado este «restaurante» dirigido por Matt Johnson.