San Sebastián 2016: «Orpheline», de Arnaud Des Pallieres

San Sebastián 2016: «Orpheline», de Arnaud Des Pallieres

por - Críticas, Festivales
17 Sep, 2016 07:39 | Sin comentarios

Este drama francés con toques policiales se centra en la vida de una mujer a lo largo de cuatro momentos de su complicada vida. Al ser encarnada por cuatro actrices –entre ellas, Adele Exarchopoulos y Adele Haenel– que se hacen llamar de modo diferente, el filme juega con la idea de que puede ser el mismo personaje o cuatro distintos.

orphan-2Se sabe que el cine francés tiene menos tabúes que la mayoría a la hora de la franqueza sexual. En ORPHELINE esto queda claro de entrada, ya que nadie parece perder cualquier oportunidad posible por tratar de tener sexo con la protagonista. Lo hacen cuando es adulta –y acaba de perder un embarazo– pero también, via flashbacks, a lo largo de su vida, desde que es preadolescente en adelante. Ella, al menos según la película, no parece hacerse mucho problema. Para salir del paso, para entrenerse, para conseguir alguna ventaja en su dura vida, siempre parece dispuesta tanto con hombres como con mujeres. No importa si la duplican, o más, en edad. O si todo es, finalmente, ilegal.

ORPHELINE empieza de una manera enigmática, mostrando dos historias en paralelo. Por un lado está Renée (Adele Haenel, protagonista del último filme de los Dardenne) que es maestra y directora de una escuela pública y lidia con los problemas clásicos de ese tipo de lugar, además de buscar, con su pareja (Jalil Lespert) y dificultosamente, un embarazo que no llega. Por otro, vemos salir de la cárcel a otra mujer, Tara (Gemma Aterton), y luego de un tiempo llegar a la escuela y avanzar llamativamente sobre Renée. Cualquiera que haya visto un episodio de ORANGE IS THE NEW BLACK ya sabe cómo viene la mano. Las dos cometieron algún tipo de crimen. Una fue a la cárcel y la otra zafó. La primera le pide dinero. La otra se ve forzada a dárselo. Ahí descubrimos que «Renée» tiene un pasado oscuro. Y otro nombre. Y que la policía la busca.

orphanPero aquí es donde la película se quiebra. Sin transiciones ni explicaciones, el director Arnaud des Pallieres (MICHAEL KOHLHAAS) presenta a otro personaje, interpretado por Adele Exarchopoulos, haciendo una variante polisexual pero similar a su personaje de LA VIDA DE ADELE. Es una joven que parece vivir sola, pasando de un lugar y de un amante a otro, que se engancha con un veterano jugador y prestamista de carreras de caballos. Cuando vemos a otro jugador que le debe plata aparecer junto a Tara entendemos que el personaje que encarna esta Adele es el mismo de la otra parte, unos años antes. Ambas traman algo, lo cual parece conectar con lo que vimos al principio. O tal vez, no.


Tras volver al «presente» con Haenel en la cárcel, la película hará dos flashbacks más al pasado de esta mujer, siempre encarnado por otras actrices, aunque salvo en un caso (cuando es una niña) no hay necesidad real dramática de cambiar de actriz en cada situación. La decisión de Des Pallieres de hacerlo parece apuntar a ue el lector imagine algún desvío narrativo o, más probablemente, a que haga una lectura metafórica. Esta chica de vida difícil y complicada, que se vive fugando de su casa y de sexualidad compleja y hasta peligrosa es una pero pueden ser muchas. Una huérfana que representa, de algún modo, a muchas. O, quién sabe, acaso sean distintos personajes. Salvo por la aparición de Aterton y Sergi Lopez, las conexiones entre un episodio y otro son mínimas.

orphelineMás allá del potencialmente complejo entramado –yo asumí que siempre es el mismo personaje, pero otros lo vieron de otra manera–, ORPHELINE se acerca a ese tipo de relatos acerca de chicas, luego mujeres, que se ven forzadas por sus complicadas vidas familiares a vivir en universos plagados de peligros a los que parecen adaptarse muy bien. Renée, Rebecca, Sandra, Karine o como se llame(n) la(s) protagonista(s) tiene(n) algo de ese tipo de joven francesa intensa que parece llevarse todo por delante, un poco a la manera de Sandrine Bonnaire en SIN TECHO NI LEY, de Agnes Varda.

Es cierto que pese a la lectura feminista que uno pueda hacer de ORPHELINE su director se toma su tiempo en mostrar una larga serie de escenas eróticas de las chicas con diferentes parejas, hombres y mujeres. Hay casi como una obsesión de Des Pallieres en ubicar la cámara pegada a los labios de Exarchopoulos o a la anatomía de Solene Rigot (que encarna al personaje en su versión 13, 14 años, aunque la actriz tiene 24 en la vida real) que puede resultar un tanto insistente, innecesario, lo mismo que la aparente necesidad de sexualizar casi cualquier situación.

Ese costado algo «baboso» de la película complejiza un poco más su lectura, pero por la forma en la que la(s) protagonista(s) manejan y controlan la mayor parte de las situaciones sexuales en las que se ven implicadas, sería muy banal leerla como una película machista o misógina. Más bien es lo contrario, lo cual –por motivos que no conviene revelar– también puede llegar a causar molestia en algunos espectadores no del todo preparados para una real independencia femenina, una que no necesite la ayuda de ningún hombre y que los use solo cuando le conviene.

Entre las dos versiones adolescentes del personaje hay un enorme parecido, aunque no tanto entre ellas y Haenel lo cual lleva al espectador a pensar si no estamos ante al menos dos personajes. O tres. O cuatro. Pero el juego, finalmente, es lo de menos. Este drama con toques policiales puede no ser tan ingenioso, complejo o potente como el realizador supone pero es una película intensa, atendible y original, con un elenco que supera siempre cualquier zona titubeante del relato.