Estrenos online: crítica de «Festival de la Canción de Eurovisión: La historia de Fire Saga», de David Dobkin (Netflix)

Estrenos online: crítica de «Festival de la Canción de Eurovisión: La historia de Fire Saga», de David Dobkin (Netflix)

Esta divertidísima comedia protagonizada por Will Ferrell y Rachel McAdams se centra en una dupla musical islandesa que sueña con competir y triunfar en el mítico concurso europeo de canciones. Imperdible.

Una de esas películas ideales para estos tiempos amargos, EUROVISION SONG CONTEST es una comedia que aprovecha a la perfección las posibilidades cómicas de Will Ferrell, todo un especialista en interpretar personajes cuya confianza en sus habilidades es mucho mayor que su talento. Desde ANCHORMAN a STEP BROTHERS pasando por BLADES OF GLORY, TALLADEGA NIGHTS y tantas otras, el comediante norteamericano posee el talento y el carisma suficientes para generar situaciones hilarantes con ese ya clásico esquema de tornar queribles a personajes que sueñan muy por encima de sus posibilidades.

El secreto de Ferrell (y sus colaboradores, tanto directores y coguionistas) está no solo en su capacidad física y verbal ni es su timing cómico sino en el carisma que permite que la burla sea cálida, que sus personajes sean entrañables por más ridículos que se vuelvan. Un poco a la manera del Steve Carrell de THE OFFICE (o Amy Poehler, en PARKS AND RECREATION) son personajes que pueden parecer torpes, incapaces, egocéntricos y hasta inútiles, pero siempre consiguen nuestra simpatía, nuestro apoyo.

En EUROVISION SONG CONTEST (prefiero el título original, disculpen) hay una pequeña alteración al sistema. Digamos que el proyecto parece armado para el talento de Ferrell, ya que suele rendir mejor en escenarios que se prestan a cierto ridículo en el vestuario o en la música, algo ya probado en la similar BLADES OF GLORY en la que interpretaba a un artista de patinaje sobre hielo. El concurso europeo de la canción le cae, convengamos, como anillo al dedo: el look de gran parte de los concursantes, la ampulosidad pop o dramática de las canciones y las coreografías, la locura que se desata alrededor y el eurotrash en sí como concepto se lo deja servido en bandeja. Uno tiene la impresión de que solo le hace falta pararse en medio del escenario en ese onesie blanco «reforzado» durante toda la película y ya será una obra maestra.


La diferencia a la que me refiero es que su Lars Erickssong sí tiene talento para el concurso. Es torpe, acaso físicamente no sea el candidato ideal (su altura siempre le juega a favor, cómicamente hablando, en estos universos), pero es un buen compositor de éxitos pop y hasta un pasable cantante. Acompañado por Sigrit Ericksdóttir (Rachel McAdams), que no es su novia ni su hermana pero podría ser un poco las dos cosas, conforman Fire Saga, una dupla islandesa que sueña con triunfar en el concurso en cuestión.

En el pequeño y muy real pueblo de Húsavík en el que ambos viven, nadie les presta atención. Se ganan la vida tocando covers de «Happy» en un barcito del lugar donde todo el tiempo les piden que toquen una única canción, una suerte de himno borrachín llamado «Jaja Ding Dong». El padre de Lars, especialmente, un recio pescador del lugar con fama de mujeriego (encarnado de forma excelente por Pierce Brosnan), no quiere saber nada con los sueños de su ya bastante crecido hijo de cantar canciones pop y menos competir en ese tipo de concursos. Pero un hombre con un sueño no es fácil de vencer.

Y no hay que descartar a Sigrit, que también se muere por triunfar en el concurso y que, encima, canta realmente bien. Por casualidad entran en las eliminatorias islandesas para Eurovisión, les va muy muy mal en la competencia y, por una suerte de trágico milagro que hay que ver para creer, terminan representando al país en las finales a llevarse a cabo en Edimburgo, Escocia. Y ya verán qué sucede de allí en adelante. Solo valdrá adelantar que siguen las «dificultades técnicas» en los escenarios (sus problemas tienen más que ver con eso que con su talento), pero ahora se suman las dificultades entre ambos a partir de la aparición de terceros, unos más experimentados competidores que se aprovechan o burlan de ellos y quieren separarlos (ella canta muy bien y es claro que podría triunfar sola o con otros acompañantes) o ridiculizarlos aún más.


Quizás el único problema de EUROVISION SONG CONTEST sea su extensión superior a las dos horas, que se hacen un poco largas especialmente por estas subtramas que tratan de generar, sin demasiado desarrollo ni efectividad, mayores conflictos entre los dos personajes. Pero no demasiado. Una vez que la competencia se retoma, la comedia tiene un sprint de casi una hora que es casi perfecto, una círculo virtuoso de situaciones humorísticas que alcanza hacia el final algo muy similar a esa nota alta y mágica que es un misterio aparentemente insondable de la música islandesa. Como los elfos, que acaso existan de verdad. O como Björk, que también.

La diva de la canción de Islandia, lamentablemente, no es parte de la película (un cameo suyo podría haber sido inolvidable) pero sí lo son Demi Lovato y una larga lista de ex competidores de Eurovisión que desconozco por completo, salvo en el caso de la austríaca Conchita Wurst, ganadora en 2014. Promediando el film muchos de ellos interpretan un medley de canciones pop que está entre los mejores momentos de la película, una celebración musical que transmite el verdadero espíritu de esta contienda, el que va más allá de la sorna.

Pero la broma al circo musical que es el concurso entra también y cada uno de los grupos y solistas inventados (aunque inspirados en reales) son una creación perfecta, desde el egocéntrico cantante ruso Alexander Lemtov (Dan Stevens) que dice que no es gay porque no hay gays en Rusia, hasta solistas metaleros daneses como 21st. Century Viking (o el demoníaco Moon Fang, de Belarus) pasando por solistas griegas como Mita, el cantante soul de San Marino Dalibor Jinsky (“que llora sin motivo”, como dice el célebre conductor y verdadero comentarista del show, Graham Norton) o mis favoritos, los raperos suecos Johnny John John haciendo la notable “Coolin’ with the Homies”. Cada uno de estos grupos e intérpretes tienen su tiempo para brillar en el escenario y eso, si bien alarga un poco la película, está entre lo mejor de la propuesta.

En el grandioso final, en el que se suman a la banda sonora un par de canciones épicas y trascendentes de Sigur Ros –que sí se prestaron al proyecto y aportan mucho desde lo incongruente que es su tipo de música en esa situación–, EUROVISION logra convertirse en la versión cinematográfica de una excelente canción pop. Quizás no sea una obra maestra del género –como sí lo son, al menos para mí, la dupla ANCHORMAN y TALLADEGA NIGHTS–, pero podría igualmente llegar a las rondas finales de la competencia a la mejor comedia de los últimos tiempos.


Banda Sonora de EUROVISION SONG CONTEST: