BAFICI 2021: reseñas de secciones no competitivas

BAFICI 2021: reseñas de secciones no competitivas

En este post aparecen críticas y reseñas de las películas que se presentan en las secciones no competitivas del festival, incluyendo films de autores como Hong Sangsoo, Pietro Marcello, Philippe Garrel y Julien Temple, entre otros.


En este post irán sumándose las reseñas de las películas de las demás secciones no competitivas del festival, que están organizadas, fundamentalmente, por temáticas. Son Trayectorias, Lugares, Música, Nocturna, Artistas en acción, Discos, Comedias, Romances, Pasiones, Retratos, Familias y Superhéroes, además de focos, retrospectivas y el BAFICITO, dedicado a los niños. Como en los otros posteos, acá se irán agregando reseñas con el correr de los días y aún después de finalizado el festival.


NO VA MAS, de Rafael Filippelli (Argentina) «Triste, solitario y final» podría ser un título alternativo a esta película del veterano realizador argentino, una suerte de testamento cinematográfico que se maneja siempre en un borde entre el registro más directo y emotivo, y uno un tanto más distanciado, cotidiano y hasta gracioso. Es una película pequeña, íntima, con momentos que parecen confesionales y que se manejan entre el documental y lo que podríamos denominar auto-ficción.

El film jamás abandona el departamento porteño del realizador y a lo largo de sus 60 minutos lo que Filippelli hace es ir hablando con un interlocutor imaginario (no le habla ni a la cámara ni a una persona detrás de ella, sino que lo hace a modo de monólogo, al espacio), contándole asuntos de su vida desde la perspectiva de alguien que parece estar empezando a sufrir problemas de memoria. De hecho, el arranque de NO VA MAS parte de ahí, con Rafael diciendo que, cada vez que se levanta, tiene problemas para recordar qué es lo que iba a hacer. Además de eso, lidia con problemas cotidianos, ligados muchas veces a indeseados llamados telefónicos.


La película –en la que trabajaron alumnos, discípulos y colaboradores suyos de la Universidad del Cine como Mariano Llinás, David Oubiña, Hernán Hevia, Juan Villegas, Rodrigo Moreno, Federico Esquerro, Marina Califano además de, por supuesto, Beatriz Sarlo– tendrá momentos duros y confesionales en los que el protagonista hablará de su pasado, de su familia y de lo difícil qué es para él recordar ciertas cosas o saber si fueron o no ciertas. Y otra buena parte del tiempo lo pasará mostrando cosas que sí recuerda bien cómo hacer: nudos clásicos de corbata, un buen cocktail «old fashioned» o mostrar cómo se pasa una pelota de rugby. No hablará de cine, curiosamente, pero sí de música (tango, jazz), mencionará su gusto por releer los mismos libros de siempre antes que arrancar con nuevos y hasta lo veremos leyendo diarios en papel.

La cámara de Agustín Mendilaharzu lo seguirá con lentos y elegantes movimientos o se mantendrá fija mientras el hombre hace algo o habla. El departamento algo oscuro le dará a NO VA MAS un tono aún más funéreo y, por momentos, la voz y la expresión de Rafael se resquebrajarán dejando entrever la emoción que le despiertan ciertos recuerdos o la angustia que conllevan algunos vacíos mentales. Si bien muchas cosas que vemos forman parte del juego de la ficción –o eso parece–, es innegable que algunas trascienden ese lugar para volverse verdaderas, lo sean o no. El poder del cine consiste exactamente en eso, en demostrar que la verdad y la realidad no tienen porqué ser la misma cosa.


LA ESTRELLA ROJA, de Gabriel Lichtmann. Apostando por el siempre simpático género del «falso documental», el realizador de JUDIOS EN EL ESPACIO cuenta una historia falsa que podría ser real –o viceversa– ya que muchos de los elementos que la componen sí son parte de la historia del espionaje del siglo XX. Acá, a juzgar por los reconocidos actores que interpretan a supuestos personajes reales, queda claro de entrada que el falso documental es una máscara apenas disimulada de la ficción.

El film cuenta la historia de una joven chica argentina, judía, que podría haber sido espía del MI6 británico y luego del Mossad contra los nazis durante y también después de la Segunda Guerra Mundial. Como una suerte de Forrest Gump del espionaje, la tal Laila Salama (interpretada por Thelma Fardin) aparece involucrada en muchos casos sonoros del siglo XX, siendo uno de ellos el de la captura de Adolf Eichmann en Argentina.

Héctor Díaz encarna al propio Lichtmann (pronúnciese Lijtman, como aclara una y otra vez), un director de cine que, obsesionado con el tema, trata de reconstruir la historia de Salama entrevistando a quienes puedan haberla conocido y saber sus secretos. ¿Es quien se dice que fue? ¿Estuvo en pareja con un tanguero que le compuso «La estrella roja» para ella? ¿Qué fue de la vida de esta excéntrica y misteriosa señora, la Mata Hari argentina?

Lichtmann (el verdadero Lijtmann) conduce la investigación mediante entrevistas, materiales de archivo, fotos y audios de viejas épocas que, como va quedando claro, son más bien dudosos (Julieta Zylberberg, Ana Katz, Rafael Spregelburd y Juan Leyrado «interpretan» a los entrevistados), pero como en medio del recorrido aparecen situaciones que sí fueron reales, el espectador puede empezar a dudar al respecto de algunas cuestiones que aquí se plantean y comentan. El documental, es obvio, de verdadero no tiene nada. ¿Pero qué hay con la historia de la Estrella Roja? ¿Eh? Para pensar, amigos, para pensar…


LUTAR, LUTAR, LUTAR, de Sérgio Borges, Helvécio Marins Jr. (Brasil) Hace unos años, Helvécio Marins, el cineasta más futbolero que conozco (la clase de persona que, aunque lleves años sin verla, te manda un mensaje de condolencias por la muerte de Maradona) me contó que estaba haciendo un documental sobre el club de sus amores, el Atlético Mineiro. Como buen galo, fanático obsesivo, me pareció que era la persona indicada para plasmar en la pantalla esa pasión futbolera a la argentina que tienen los «atleticanos», millones de personas que siguen al equipo en las buenas y en las malas, y que han tenido más de un siglo futbolero en el cual las decepciones superaron por mucho a los éxitos. Y el resultado está a la altura de lo pensado: una película contada desde la «torcida», filmada desde las tribunas, apasionada y sufrida como los hinchas y que vibra –literalmente– con las emociones de las canciones de cancha.

El Atlético Mineiro es el equipo más representativo –junto con Cruzeiro, aunque con una hinchada mucho más grande, racialmente diversa y de extracción popular– de Minas Gerais y su historia futbolística está plagada de grandes jugadores y notables gestas que han sido superadas por los fracasos, por las decepciones y las trampas tendidas por los dueños de los grandes equipos de Rio de Janeiro y San Pablo, los poderosos del fútbol brasileño. La dupla de directores recupera esa historia, toma la conexión entre algunos jugadores –como el gran Reinaldo– y la lucha contra la dictadura en los ’70 y se centra en algunas de las grandes derrotas y gestas del equipo que en 2012 incorporó a Ronaldinho y vivió luego episodios que hicieron historia y que no revelaré aquí para los que no están al día con lo que el Mineiro ganó o perdió.


Pero lo central es la pasión popular que despierta el llamado equipo galo. Los directores entrevistan, sí, a ex jugadores y a periodistas, pero la mayoría de los que hablan son torcedores, hombres y mujeres apasionadas por el team. Y lo mismo pasa con los partidos importantes: cuando hay imágenes propias y no solo de archivo, la cámara siempre está más centrada en las explosiones de las tribunas, en las caras, los cantos, los llantos, los rezos y la vibración emocional que despiertan los logros y las derrotas del equipo que en las jugadas en sí. Los goles importantes, los míticos penales atajados, los apagones raros en partidos importantes y los árbitros robándoles partidos en la cara se ven, claro que sí, pero Borges y Marins entienden que la mejor forma de sentir en el cuerpo lo que eso genera es verlo reflejado en la cara y en el cuerpo de los torcedores. Y uno, por un rato, se siente en medio de ese envión emocional que es ser parte de la galoucura.


IN A SILENT WAY, de Gwenaël Breës (Bélgica). Es doloroso el rechazo pero debería ser tomado como un punto final. Es entendible que el director, obsesionado por el tema, quiera hacer su película sí o sí, como sea. Pero hay impedimentos que deberían hacerlo a uno pensar dos veces. En el caso del realizador belga, la puerta cerrada para hacer esta película sobre Mark Hollis y Talk Talk –en especial sobre el álbum «Spirit of Eden«– fue el rechazo del cantante y compositor de la banda, que entonces vivía, de que se use su música en la película. Conociendo sus décadas de aislamiento de la industria, no debe haber sido una sorpresa para el realizador/fan de la banda. Y la carta de Hollis era contundente pero a la vez muy lógica. Su deseo –que terminaría por ser uno de los últimos, ya que murió poco después de concluida la filmación– era que el disco hablara por sí mismo.

Breës entendió que la negativa era la puerta para un desafío creativo y se dispuso a llevarla a cabo de todos modos: sin Hollis ni ninguno de los otros integrantes principales de la banda y sin su extraordinaria música. Ni un solo acorde. El hombre le buscó la vuelta de diferentes modos. Fundamentalmente, tratando de interpretar ese silencio como el mismo silencio que trató de conseguir Hollis con canciones que cada vez más fueron vaciándose de instrumentos, sonidos y significados para ser pura poesía instrumental y vocal, lo que algunos consideran el comienzo del post-rock. Pero también convenciendo a músicos amigos de experimentar en escena de una manera libre –sin referencias del sonido de la banda inglesa– y recorriendo los lugares por los que anduvo Hollis.

El hombre sí logró entrevistar a personas que se relacionaron con él en distintas etapas (músicos invitados, ingenieros de sonido, productores, personas que lo acompañaron en sus primeros tiempos como Wilko Johnson o Barrie Masters, de Dr. Feelgood y Eddie and the Hot Rods, respectivamente) y a personas comunes quienes raramente sabían de la existencia de una banda llamada Talk Talk. Pero la ausencia de la música de la banda es un agujero difícil de cubrir. Y si bien todos esos materiales ayudan a crear la sensación de lo que pudo haber sido la experiencia de hacer ese disco con un Hollis obsesivo que se pasó grabando y tirando material a la basura casi un año, no es suficiente. Eso lo puede cubrir una nota periodística. Una recomendación al espectador: si lo ven en casa pongan de fondo el disco. Entra dos veces entero en la duración del film. No resuelve sus problemas, pero un poco ayuda.

Nota: con ese título y al estar en la sección «Discos» del festival uno puede suponer que se centra en el álbum homónimo de Miles Davis. Pero no, no es el caso.


SE VA A ACABAR…, de David Blaustein y Andrés Cedrón (Argentina) En este efectivo documental histórico, el veterano realizador de CAZADORES DE UTOPIAS repasa junto al más joven Cedrón las actividades de un grupo de militantes sindicales que trataron de hacer valer sus derechos mediante reclamos, paros y huelgas durante los años más duros de la dictadura militar. Con muy buen material de archivo, algunas animaciones y entrevistas actuales en audio a esas personas, la película reconstruye la dura tarea de iniciar cualquier tipo de acción en empresas o fábricas durante esos años en los que cualquiera podía terminar desaparecido o preso, cosa que sucedió con varios de los que dan aquí su testimonio.

Los entrevistados presentan, uno a uno, sus casos trabajando en distintas fábricas, empresas o bancos, como Ford, Alpargatas o el BIR, entre otros. La película está organizada de modo consecutivo y en cierto punto también cronológico. Cada episodio es un caso y cada caso suele preceder en el tiempo a los siguientes. Conoceremos así detalles de las vidas y la militancia de personas como César Loza, Carlos Leguizamón, María Luisa Rodríguez, Ana María Putelli y el actual dirigente de Boca Juniors, Roberto Digón.

Si bien el documental puede ser un tanto mecánico y hasta repetitivo en sus formulaciones, las historias son lo suficientemente duras e inquietantes como para que cada una de ellas tenga peso propio. Es, además, la clase de película que explica a las claras lo que fue la vida en la Argentina a partir del 24 de marzo de 1976, para aquellos que últimamente parecen dedicarse a negar lo que sucedió en el país durante esos siete años. Un gran complemento a este film es RESPONSABILIDAD EMPRESARIAL, de Jonathan Perel (ver crítica acá), que cuenta una historia de similares implicancias mediante un formato muy diferente.


LOS NIÑOS DE DIOS, de Martín Farina (Argentina). Para los que crecimos en los años ’80, la idea de las sectas producen escalofríos seguramente ligados a los tristemente célebres suicidios masivos que tuvieron lugar en el seno de una de ellas, liderada por un tal Jim Jones, en 1979. No fue la única, claramente, ni el único escándalo y varios de ellos han sido reportados tanto periodísticamente como en series documentales. La famosa secta conocida como «Children of God» –llamada originalmente The Family– es una de esas oscuras historias, con escándalos internacionales y nacionales, ya que fue allanada en 1993 en la Argentina, con acusaciones de abusos, violaciones, pedofilia y muchas otras cosas igualmente espeluznantes.

Farina no procede del modo convencional aquí, como era de esperar. Y se agradece. En lugar de hacer un racconto de los sucesos locales de esa secta (algo que bien podría hacer otro documental) se centra en las experiencias de su propio familia, ya que sus tíos y primos fueron parte de esa comunidad durante muchos años y, en algunos casos, todavía conservan ciertas prácticas adoptadas en esa época. Es así que su cámara se mete en la vida de sus dos primos (Francisco y Sol), quienes lidian con la experiencia pasada, con las contradicciones internas y con su propia y devota familia mientras sus vidas privadas, en la actualidad, poco y nada tienen que ver con ese pasado.


La observación de sus hábitos y su vida actual –hay muy bellos momentos musicales entre ambos, interpretando standards de jazz y algunas canciones religiosas– va dando paso de a poco a momentos más confesionales, a ir contando y mostrando cosas terribles del pasado. Es así que no solo vemos impactante material gráfico de la secta sino que vamos conociendo algunas de sus prácticas, siempre con la distancia que da el tiempo transcurrido. No hay una afectada sobredramatización de esas experiencias al estilo hollywoodense. Se las cuenta, casi, de manera natural, una suerte de «así eran las cosas» y ya. El resto está tallado en los propios cuerpos, en los rostros, en las miradas.

Lo que vuelve aún más fascinante a este modo de contar las cosas, es que si bien la familia protagonista está alejada de esa secta (cuyo líder David Berg murió en 1994 y que oficialmente ya no existe hoy aunque…), los padres siguen siendo creyentes y manteniendo lo que parecen ser algunas de sus tradiciones, lo cual genera conflictos entre padres e hijos además de una manera muy diferente y contrastada de interpretar el pasado. Y Farina sabe meterse en esos quiebres de sentido, generando ideas bastante inquietantes sobre los daños y fracturas psicológicas que generan experiencias tan traumáticas como las vividas por los protagonistas. Y también sobre la posibilidad de superarlas.


PARAKULTURAL: 1986-1990, de Natalia Villegas y Rucu Zárate. El mítico sótano de Venezuela al 300, lugar en el que una generación de artistas, de músicos y de espectadores se dieron cita durante la segunda mitad de la década de los ’80 es recordada aquí por la muchos de los que pasaron por sus escenarios. El «Para» fue un espacio contracultural en el que grupos de artistas, clowns, actores y performers de todo tipo comandados por Omar Viola fueron creando expresiones artísticas irreverentes y novedosas que shockearon y sorprendieron a una ciudad que venía de atravesar una dictadura con nula vida cultural. De ahí, al rock, con sus bandas punks, góticas, new wave y experimentales haciendo sus primeras armas ahí antes de saltar a escenarios mayores o abandonar la parada, todo pasó por ese local enclavado en una rara T geográfica del barrio de San Telmo.

La película recuerda toda esa época mediante el probado, excesivamente prolijo (para la historia que se cuenta) pero igualmente efectivo recurso de las entrevistas y el material de archivo, del que hay poco y de baja calidad. Más allá de eso, los personajes que pasaron por sus puertas se las arreglan para crear un entramado de voces que le dan carnadura a la experiencia del Parakultural: las Gambas al Ajillo (Llinas-Gabin-Fletchner), los Melli (Belloso-Dreizik), El Clu del Claun, muchos músicos (Palo Pandolfo y Sergio Rotman son los más reconocibles, pero el archivo revela a muchas figuras más), actores de otras agrupaciones y personalidades de ese mundillo como Fernando Noy, Karina K o Geniol, quienes recuerdan también a los que no están (Batato Barea, Alejandro Urdapilleta) y cuentan jugosas, divertidas o duras anécdotas de esos años de primavera democrática no exenta de persecución policial. Un viaje en el tiempo hacia el pasado de una ciudad (y uno personal, reconozcamos) que, definitivamente, ya no es la misma de entonces. Ni uno tampoco…


YO NO ES OTRO, de Santiago Sein. Este bello, sencillo y sensible documental se centra en la experiencia, los pensamientos y, más que nada, el trabajo del pintor argentino Remo Bianchedi. Porteño pero radicado en un bello y remoto paraje –cercano a La Cumbre– de la provincia de Córdoba, Bianchedi pinta, dibuja, charla con amigos y se conecta con el paisaje apacible y calmo que lo rodea. La cámara de Sein captura la misma luz que entra en sus cuadros en un film cuidado que toma parte de su inspiración en películas como EL SOL DEL MEMBRILLO, de Víctor Erice, que hace de la relación entre el artista y la naturaleza uno de sus ejes principales.

Pero acá también, a partir de conversaciones con un colega, escuchamos a Remo analizar esas conexiones y ponerlas en práctica en dibujos que vemos aparecer frente a nuestros ojos. El artista puede ser observador y poeta pero Sein también lo muestra en sus momentos más rutinarios, prácticos, de trabajos específicos. A la vez, esa mitificada soledad del artista que vive y trabaja en medio de la nada está atenuada por la presencia de personas con las que Bianchedi se comunica y con quienes comparte experiencias. Así, de un modo inesperado, la película termina convirtiéndose en una celebración de esas pocas pero vitales amistades que hacen más llevadera la elegida soledad.


LA BITACORA DEL SUR: EL ROCK INDIE EN SUDAMERICA, de Omar Díaz. Arranquemos con lo mejor que tiene este documental, que es transmitir la sensación de amistad, intercambio, solidaridad y trabajo entre distintas bandas independientes de Argentina, Chile, Uruguay y Perú. El director de este documental entrevista a varias bandas en sus lugares de origen y también las acompaña en un festival en Lima que deja en evidencia algo que quizás no todos saben: que hacer rock de forma independiente implica muchísimos más trabajos (físicos) que subir a tocar. Esa conexión sudamericana es vital para el sentido de la película.

Por fuera de eso no hay mucho más. Un racconto rápido de algunas bandas y sus historias, entrevistas dejadas en toda su tibia extensión en espacios grises y mal iluminados, una cámara que sigue a los grupos a modo de diario filmado por un amigo que tenía una mano libre y le enseñaron qué botones tocar, ninguna organización narrativa ni claridad expositiva y ni siquiera la posibilidad real de escuchar la música de esas bandas, ya que es poco lo que se deja –es, después de todo, un documental más centrado en el backstage— y cuando vemos a algunas de ellas en el escenario, Díaz no tiene mejor idea que dejar unos extensos solos, acaso lo menos representativo del sonido indie que pone en consideración.

Hay algunas muy buenas bandas entre las que participan de la gira y las que solo hablan (El mató a un policía motorizado, 107 faunos, Las ligas menores y Bestia Bebé por Argentina) pero el documental apenas sirve para mostrar algunos momentos casuales, entrevistas eternas y no mucho más. El final, con varias bandas juntas preparando un escenario en el que van a tocar, es mucho mejor que todo el resto, el único verdadero gran momento de cine de toda la película. Era por ahí.


THE RISE OF THE SYNTHS, de Ivan Castell. El subgénero de la música basada en sintetizadores llamado synthwave ha crecido y se ha popularizado mucho en la última década, más que nada a partir de bandas sonoras como las de DRIVE o STRANGER THINGS que han recuperado un sonido propio de grupos y solistas de los ’70 como Tangerine Dream, Goblin, Mike Oldfield, Jean Michel Jarre y especialmente John Carpenter, que hace de presentador y voz en off de este documental. Surgido varios años antes (a principios del siglo XXI, previo a las redes sociales, en tiempos de MySpace y eMule), el subgénero se ha desarrollado en varios países pero tiene su epicentro en Europa, más que nada en la Francia post-Daft Punk.

Con una iconografía ligada a la estética de principios de los ’80 (BLADE RUNNER, TRON, neón, paisajes urbanos, imágenes en 8-bits), el synthwave tiene un carácter evocativo, una combinación de lo electrónico con lo cinematográfico que funciona como disparador de nostálgicas emociones tanto para los que vivieron la época como para los que no. Aquí conoceremos la historia de todas las bandas que lo han hecho famoso (aunque ninguna de ellas lo sea fuera del circuito) y la película irá eligiendo un formato retrospectivo que va yendo de la actualidad a los inicios, del coqueteo con el pop de estos años a los shows vanguardistas de Tangerine Dream casi medio siglo atrás. Si bien algunos aportes visuales del film son un tanto «cutres», es innegable que están en sintonía con la estética de decadente elegancia de la época en la que la música se inspira.


FELLINOPOLIS, de Silvia Giulietti (Italia) Un festín para los fanáticos de Federico Fellini, este documental está armado, fundamentalmente, en base a material filmado por el camarógrafo Ferruccio Castronuovo durante los rodajes del cineasta italiano de mediados de los años ’70 en adelante. Contratado por el propio Fellini para realizar documentales «especiales» para la TV, Castronuovo capturó la atmósfera circense de los rodajes del director de LA DOLCE VITA en películas como CASANOVA, LA CIUDAD DE LAS MUJERES, GINGER & FRED e Y LA NAVE VA…, entre otras, mostrando la manera en la que Fellini preparaba sus escenas, su relación con los actores, los extras y todo el mundo que creaba, usualmente, sin salir del Set 5 de Cinecittà.

A eso se le suman entrevistas con algunos colaboradores suyos, entre los cuales están Lina Wertmüller –que era su asistente de dirección entonces–, el famoso diseñador de producción Dante Ferretti y el igualmente célebre músico Nicola Piovani, además del propio Castronuovo. El documental tiene también algunos materiales de sus films previos pero se centra, fundamentalmente, en su última etapa, una que acaso no estuvo a la altura de la anterior en términos artísticos pero en la que, es evidente en las imágenes que se ven, ese mundo que creaba dentro de la pantalla ya parecía trascender hacia afuera. La vida, el set y el cine, la stessa cosa


MAGGIE’S FARM, de James Benning (Estados Unidos). El cine de Benning no está hecho para festivales virtuales ni para proyecciones online. Sus películas existen para ser apreciadas en un cine. Pueden, si uno quiere adentrarse en detalles, reverse en un formato hogareño pero sus tiempos están hechos para la concentración y la experiencia de una sala. En esta película, a lo largo de 84 minutos, el director muestra 24 planos de poco menos de 4 minutos cada uno en los alrededores y en el interior del California Institute of the Arts (CalArts), la escuela en la que da clases. Son planos fijos sin movimiento alguno de cámara y con sonido ambiente, formato que es característico en su obra, usualmente con tiempos mucho más largos a los de este film.

La particularidad del lugar en el que está la universidad le da su contexto. Rodeado de verde por todos lados, es un golpe visual fuerte el que genera cuando Benning pasa de mostrar sus bellos alrededores a ingresar al edificio en cuestión, al que retrata en partes muy específicas y en horarios que, uno imagina, no circula mucha gente. Es así que pasamos del verde plácido del exterior a planos de tachos de basura, containers, bebederos, lockers, pizarrones y escaleras anónimas que parecen brutalizar el espacio. Al usar siempre planos medios es difícil contextualizar cada imagen en relación a lo que la rodea, por lo que el contraste entre el exterior y el interior es muy fuerte y lo que vemos parece casi una invasión. Algo que se refuerza cuando –a los exactos dos tercios del film– volvemos a salir de a poco afuera y lo primero que vemos es un enorme cenicero lleno de cigarrillos. Y luego aparecerán otros objetos de similar contaminación, real y visual.

Estará en cada espectador definir el sentido si se quiere político, quizás hasta crítico, del film respecto a la institución que retrata. Es una lectura posible, hasta «wisemaniana» de la película, una en la cual no son las personas sino los objetos y los espacios los que dan significado y sentido a la institución en sí. Si sirve de algo, la canción de Bob Dylan que se escucha de fondo en un par de planos es «Girl from the North Country«. Y su letra habla de un amor que se ha perdido. En la que le da al film su título (que no se escucha pero por algo se debe llamar así), su narrador dice que no trabajará más «en la granja de Maggie» ya que allí explotan a la gente. Y al final se escucha el himno. Quizás, solo quizás, sean datos relevantes.


A L’ABORDAGE, de Guillaume Brac (Francia) Una aventura más emocional que física, un paseo que se transforma en una experiencia clave en las vidas de sus protagonistas, AL ABORDAJE se centra en las actividades de dos amigos que emprenden un viaje con destino incierto. Felix (Eric Nantchouang) le pide a su amigo Chérif (Salif Cissé) que lo acompañe al sur de Francia a visitar, de sorpresa, a una chica a la que conoció en una fiesta y que está pasando sus vacaciones allí. Felix no tiene muy en claro con qué se topará pero es uno de esos optimistas que no parecen dudar antes de pasar a la acción… Leer crítica completa.



INTRODUCTION, de Hong Sangsoo (Corea del Sur) «No puedo abrazar a alguien si no lo siento», dice Youngho, el protagonista de INTRODUCTION. El joven le habla a un famoso actor para explicarle los motivos por los que decidió dejar esa profesión, una que había empezado tiempo atrás por consejo de él mismo, que es amigo de sus padres. Para Youngho actuar es un problema en las situaciones íntimas como esa o besar a alguien. «Me incomodaba a mí y sentía que incomodaba a mi novia», explica. El actor le contestará y su explicación/enojo quizás sea el punto clave de esta breve, simple y cálida nueva película de Hong Sangsoo cuyas tres largas secuencias terminan, no casualmente, con largos y sentidos abrazos… Leer crítica completa.


LE SEL DES LARMES, de Philippe Garrel (Francia) El universo de Philippe Garrel, con el correr de los años y el paso del tiempo, se va estableciendo cada vez más en un curioso lugar entre el realismo y el extrañamiento, entre lo que parece desprenderse del mundo real y de las criaturas que viven en él, con otro, puramente cinematográfico, al que podríamos denominar como una «burbuja» que existe solo en la imaginación o en la nostalgia del realizador francés. THE SALT OF TEARS no tiene elementos del fantástico –como algunas de sus películas que lidian con esos temas y figuras– pero podría tranquilamente ser una fábula que funciona en ese mundo paralelo llamado cine. Y es ahí donde mejor se siente y donde gana… Leer crítica completa.



MARTIN EDEN, de Pietro Marcello (Italia) Una de las mejores películas de 2019 tiene su demorado «estreno» local en el festival, casi al mismo tiempo que el realizador italiano presentó un nuevo film en Berlín, un documental sobre el músico Lucio Dalla. Esta adaptación de la novela de Jack London es un verdadero «capolavoro», una película que hace honor al texto y a la vez modifica por completo muchísimos de sus detalles. La historia de un marinero de bajos recursos que entra en la vida de una mujer y de una familia adinerada a partir de la cual descubre la literatura y luego prueba ser un notable pero controvertido escritor le sirve a Marcello para hacer una pintura histórica y política de Italia con fecha imprecisa pero con un lugar muy claro como Nápoles como su universo. Con un gran Luca Marinelli en el rol principal, es un film moderno que a la vez respira –y seguramente quedará en la memoria– como un clásico.


THE LOBBY, de Heinz Emigholz (Alemania/Argentina) En los lujosos lobbies de varios edificios de las zonas más acomodadas de Buenos Aires se desarrolla esta película que no es otra cosa que el monólogo de 75 minutos de un hombre al que jamás se nombra (lo encarna el actor norteamericano John Erdman) y que va desarrollando una suerte de diatriba contra la humanidad en relación a la muerte como asegurado destino final. En una película que bien podría titularse «El misántropo», el hombre habla del cine (incluyendo a quienes lo filman), de la cultura contemporánea, de las relaciones personales y amorosas pero, fundamentalmente, desarrolla extensos y muy detallados conceptos sobre la muerte.

Lo más llamativo de este film/monólogo que, sin dudas, es interesante pero que también se vuelve un tanto extenso y reiterativo es la sorprendente cantidad de cortes, ángulos de cámara y el montaje acelerado que, para los parámetros de este tipo de cine, tiene el film. Si bien lo que se ve sigue siendo lo mismo (el hombre hablando en distintos lobbies), la cambiante puesta en escena permite un paralelo elemento de interés y curiosidad. Si bien no parece haber un motivo dramático para estar filmada en Buenos Aires, lo que sí permite el film es ver en detalle la decadente elegancia de muchos de los «lobbies» de los edificios porteños. Lobbies que funcionan casi como posibles «limbos» entre la vida y la muerte.



WHEEL OF FORTUNE AND FANTASY, de Ryusuke Hamaguchi (Japón) El realizador japonés de HAPPY HOUR parece venir reduciendo cada vez más la dimensión de sus películas. De ese film de casi cinco horas que lo consagró a este que cuenta tres historias separadas de unos 35-40 minutos cada una parece haber una gran diferencia. Pero en los hechos no es tanta. Ambos films son dramas personales, de parejas y relaciones, de secretos y mentiras, con personajes femeninos fuertes y una mirada centrada en las complicaciones y misterios de este tipo de situaciones. Pese a tratarse de un drama psicológico –más bien de tres–, WHEEL OF FORTUNE AND FANTASY tiene, como su título parece discretamente indicarlo, algunos elementos que pertenecen al ámbito de lo fantástico… Leer crítica completa




CROCK OF GOLD: A FEW ROUNDS WITH SHANE MACGOWAN, de Julien Temple (Gran Bretaña) Líder de The Pogues, mítico, alcohólico y desdentado personaje que se volvió una celebridad tanto por sus extraordinarias y poéticas canciones irlandesas como por su explosiva y excesiva personalidad, MacGowan es «homenajeado» en vida por varios amigos en este documental que, como el personaje que retrata, funciona más como una serie de conversaciones regadas de buen whisky (siendo producida por Johnny Depp uno podría asegurar que el whisky debe salir más caro que otras películas completas que hay en el festival) que recuerdan su carrera, su personalidad y algunas de sus más alocadas aventuras. Si a eso se le suma un muy buen material de archivo de todas las épocas de Shane (con o sin su banda, con más o menos alcohol y más o menos dientes) y algunas curiosas animaciones se está sin dudas ante una verdadera fiesta para todo fan del creador de «Fairytale of New York», «Dirty Old Town» y muchos otros clásicos melancólicos de bar de borrachos a las 4 de la mañana que pueblan este entretenido documental.


DINNER IN AMERICA, de Adam Carter Rehmeier (Estados Unidos) Por su espíritu agresivo, contestatario y casi violento pero a la vez humano y hasta tierno, DINNER IN AMERICA se despega un poco de buena parte del cine norteamericano reciente, al menos en sus formas. La película de Rehmeier, que cuenta con Ben Stiller entre sus productores, es el relato de un encuentro, de un inesperado choque que le cambiará la vida a los dos protagonistas. Y ese choque es también el de los personajes con el público, uno que al principio será bastante incómodo… Leer crítica completa