Festivales: nueve críticas y recomendaciones del DocBuenosAires

Festivales: nueve críticas y recomendaciones del DocBuenosAires

por - cine, Críticas, Festivales
26 Oct, 2021 01:41 | Sin comentarios

Aquí van críticas de nueve películas, entre largos, medios y cortometrajes que se presentan en el festival de documentales que comienza el miércoles 27 en Buenos Aires de modo presencial y virtual.


El miércoles 27 comienza una nueva edición (la 21ra.) del DocBuenosAires, que tendrá una versión híbrida, combinando proyecciones presenciales y virtuales. Entrando por aquí pueden acceder al sitio online en el que se detallan los distintos ciclos y programas, las funciones y sus características, además de otras informaciones específicas del evento que se extiende hasta el domingo 31. Por acá, pueden leer y descargar el catálogo de la edición.

Aquí abajo les dejo breves críticas de cinco de los títulos que se verán allí (habrá una crítica más larga, de otra película, que publicaré aparte, y quizás alguna más si es que el tiempo alcanza), todos ellos, en mayor o menor medida, recomendables. Hay largos, medios y cortometrajes, documentales un poco más tradicionales, otros más radicales, híbridos y hasta un documental-ficción. Además, links a cuatro críticas más previamente publicadas en el sitio. Pasen y lean.

EL FILM JUSTIFICA LOS MEDIOS, de Jacobo del Castillo. Este documental colombiano toma imágenes de las películas –fundamentalmente, documentales– que formaron parte del cine político militante de ese país a fines de los años ’60 y principios de los ’70. Combinando imágenes de decenas de películas a modo de patchwork (recién sobre el final se las nombrará) y utilizando casi siempre en off las voces de tres personas directamente involucradas en los acontecimientos (el fotógrafo Carlos Sánchez, el director Carlos Alvarez y la realizadora Marta Rodríguez), la película de Del Castillo intentará reconstruir mediante las imágenes capturadas en esa época una historia del cine documental político colombiano como así también las circunstancias específicas de su aparición.


Mientras vemos imágenes de los films –y también de algunas entrevistas de la época, todas ellas rescatadas/restauradas con muy buena calidad técnica–, EL FILM JUSTIFICA LOS MEDIOS va trazando una historia paralela del cine colombiano, quizás no tan conocida internacionalmente como la que surgió en otros países de América Latina (como Brasil, Argentina, Bolivia o Chile) pero que tuvo una serie de films importantes. Aquí el eje no pasa tanto por la búsqueda un tanto más particular del llamado Grupo de Cali (apenas se menciona a Luis Ospina y a Carlos Mayolo) sino por los retratos políticos más directos del cine militante de la época conectado tanto con el cine de Cuba como con realizadores como Joris Ivens y Chris Marker.

De manera sincera y honesta –los veteranos realizadores que dan su testimonio son bastante francos a la hora de hablar de sus experiencias y sus limitaciones–, la película va pintando una etapa conflictiva de la historia colombiana e internacional, en la que el cine no solo fue un testigo clave sino que sirvió para darle difusión a ciertas injusticias. Es cierto que esas cosas no han cambiado mucho desde entonces –de hecho, probablemente hayan empeorado– y los directores tienen muy en claro que aquello de «el cine puede cambiar el mundo» quizás sea una expresión de deseos. De todos modos, el registro vale. Por el testimonio de entonces y la relevancia actual.


AN UNUSUAL SUMMER, de Kamal Aljafari. A mediados de los 2000, en Ramla, Palestina, el padre del realizador tomó la decisión de instalar una cámara para filmar lo que sucedía adelante de su casa. ¿El motivo? Le rompieron tres veces las ventanas de su auto y, cansado, el hombre decidió usar una cámara de seguridad para ver si descubría al culpable. En breves textos que Aljafari va colando a lo largo de esta experiencia observacional, el realizador va dando a conocer algunos otros detalles específicos de la historia familiar. Pero el eje principal del film tiene que ver con reconstruir de algún modo la trama social de su ciudad a partir de lo que esa cámara capturó y que quedó guardado en algún cajón que nadie había visto o revisado hasta el momento.

Pronto, la «intriga» empieza a esfumarse o a dejar el centro de la escena (volverá, más hacia el final) para dar paso a un registro documental inesperado, no buscado, el que se logra con dejar una cámara en un lugar público (el auto estaba estacionado en lo que parece ser la vereda frente a su casa) y ver a la gente pasar, pararse, conversar, tener su vida cotidiana. El carácter casi de espía de la cámara le agrega un cierto encanto a la experiencia pero, a la vez, la mala calidad de las imágenes por momentos atenta contra el interés del documental, haciendo que por momentos se haga difícil seguirlo. De todos modos el director siempre encuentra momentos y espacios para raros descubrimientos que permiten que el espectador vaya haciendo pie en la experiencia de capturar la vida cotidiana en un lugar rodeado de conflictos y que, algunos textos luego reafirmarán, tiene una poderosa historia por detrás.


CARICATURANA, de Radu Jude. En el fondo tengo la impresión que gran parte de los cineastas rumanos son, en realidad, egresados de Ciencias de la Comunicación con alguna especialización en el área de Semiótica. Es asombroso, muchos años después de las discusiones lingüísticas aparecidas en el cine de Corneliu Porumboiu y otros, cómo muchos de los films salidos de ese país siguen trabajando sobre el análisis del discurso, la deconstrucción de las imágenes y terminan siendo comentarios sobre sí mismos y, en cierto modo, sobre el cine y sus posibilidades expresivas y creativas.

Este «flip book» de apenas nueve minutos del galardonado realizador de BAD LUCK BANGING OR LOONY PORN parte de un análisis de Sergei Eisenstein acerca de una serie de 101 litografías de Honoré Daumier centradas en el personaje de Robert Macaire –una suerte de chanta inescrupuloso francés del siglo XIX– para hacer una suerte de estudio visual sobre el movimiento físico, las expresiones y las posibilidades creativas que pueden surgir a partir de esas imágenes si uno las utiliza como desea.

Se puede decir que CARICATURANA es una breve clase de cine, también quizás de actuación, un ejercicio creativo en el que el realizador hace (y uno puede hacer en su casa, señora, señor) a partir del cuerpo, el rostro y la expresividad del tal Macaire explorando las aparentemente infinitas posibilidades del formato. Y, como mostró ya en BAD LUCK BANGING… y en otros films suyos, la experiencia le sirve también para hacer una serie de apuntes graciosos sobre algunos momentos absurdos de la cultura contemporánea.


PLASTIC SEMIOTIC, de Radu Jude. En otro de sus ejercicios semiológicos (juro que escribí la otra crítica en la que hablo de semiología sin saber de la existencia de este film que, de hecho, prueba lo que ahí digo), el realizador rumano utiliza juguetes para niños de todo tipo a modo de representación «plástica» de las etapas en la vida de una persona en función de las convenciones sobre las cuáles esos mismos juguetes se producen. Es así que va armando distintos tableaux en los que, mediante Barbies, Legos y muñecos y objetos de ese tipo, va de algún modo mostrando situaciones clásicas o arquetípicas de la vida en tres etapas: niñez y adolescencia, adultez y la llamada «tercera edad».

Pasando de situaciones más o menos prototípicas a otras un tanto más bizarras, Jude lleva al espectador a prestar atención a la composición de cada uno de estos cuadros porque en muchos de ellos hay detalles que, si no son importantes, al menos funcionan como pequeños comentarios irónicos sobre lo visto, sea una referencia cinéfila, un acto sexual un tanto peculiar o, bueno, ya lo verán ustedes mismos. Inspirado, escribe el director, en “La moral del juguete”, de Baudelaire, “Una vida en preguntas y exclamaciones”, de Chekhov, y “El Diccionario de los lugares comunes”, de Flaubert, el rumano va jugando con esas convenciones e «ideas preconcebidas» de las etapas y situaciones de la vida para hacer una pintura entre lúdica y cruenta de juguetes que nacen, crecen, cogen, van a la guerra y mueren. Un pequeño y breve TOY STORY para adultos desencantados.


MESCALINE, de Clarisse Hahn. Este mediometraje, que forma parte del ciclo dedicado a la obra de esta cineasta francesa, es una ficción que toma algunos elementos documentales (básicamente, los actores locales y sus diálogos) para pintar una enrarecida e intensa situación, un enfrentamiento personal y cultural, entre dos turistas franceses que están realizando algún tipo de paseo lisérgico consumiendo alucinógenos en el desierto mexicano y la gente del pueblo cercano con la que terminan cruzándose, por separado, cuando ninguno de ellos dos está en pleno manejo de sus facultades.

El film de 45 minutos funciona como un comentario acerca del colonialismo, claramente expresado en las desventuras de Agathe (Agathe Bonitzer) y Mehdi (Mehdi Dehbi). Ella, por su lado, se cruza en su camino con un grupo de hombres del pueblo que están bebiendo y disparando sus armas. Y no tiene mejor idea que ponerse a beber tequila con ellos y luego, en un estado semicatatónico, se sube a su camioneta con rumbo al pueblo. El, por su parte, aún más descontrolado, llega hasta la casa en la que están las mujeres y los niños del lugar y procede, bueno, a hacer algunas cosas un tanto incómodas y desagradables frente a ellos. Ninguno de los dos saldrá muy bien de esta experiencia.

La película logra distanciarse de las habituales muestras del cine de la crueldad a partir de la clara postura de Hahn de mostrar a los dos turistas franceses como invasores en el sentido más amplio de la palabra, tanto por lo que hacen como por la manera en lo que lo hacen, dando la impresión de llevarse todo (y a todos) por delante sin prestar atención a nada, en especial en el caso de Mehdi. Luego, en función de otros elementos, las experiencias de uno y otro terminarán siendo bastante diferentes, y ahí es donde la directora le agrega algún comentario sobre el machismo imperante a ambos lados de esa «frontera cultural». Pero la sensación es la misma. MESCALINE es una película sobre la insensibilidad, la apropiación cultural y, fundamentalmente, el colonialismo más crudo expresado a través de los cuerpos. Y sobre el dolor, el sufrimiento y el trauma que esta extraña configuración socioeconómica puede producir.


CRITICAS PREVIAMENTE PUBLICADAS EN EL SITIO:

  • ADIOS A LA MEMORIA, de Nicolás Prividera. Link, aquí
  • UN CUERPO ESTALLO EN MIL PEDAZOS, de Martín Sappia. Link, aquí.
  • SE VA A ACABAR, de David Blaustein y Andrés Cedrón. Link, aquí.
  • THE FIRST 54 YEARS, de Avi Mograbi. Link, aquí.