
Estrenos online: crítica de «Compañeras de cuarto» («Roommates»), de Chandler Levack (Netflix)
Dos compañeras de cuarto muy distintas entablan una amistad que pronto se vuelve tensa, cuando pequeños conflictos cotidianos escalan hasta lo impensado. Estreno de Netflix.
Algo raro, interesante y creativo pasó en la vida y en la carrera de Adam Sandler en los últimos años. El actor, acostumbrado a hacer una o dos películas casi descartables por año (algunas más simpáticas que otras, pero pocas realmente buenas), parece haberle dado el control de su productora, Happy Madison, a su familia. Más precisamente, a sus hijas adolescentes. Y de a poco, además de sus intentos de mostrarse como actor dramático en películas de otros (las más recientes fueron Uncut Gems y Jay Kelly), su compañía empezó a producir films un poco diferentes: comedias adolescentes, ingeniosas, curiosas, dirigidas por mujeres y centradas en problemas de esa generación. Las protagonizan, por supuesto, sus hijas.
Nepotismo de calidad o como lo llamen, lo cierto es que tanto No estás invitada a mi Bat Mitzvá! como esta Roommates se acercan más a las comedias adolescentes tipo The Edge of Seventeen o Eight Grade que a títulos como That’s My Boy o Murder Mystery 2. No es que todos los films previos de Sandler fueran malos ni mucho menos, pero se trataba en el mejor de los casos de amables entretenimientos hechos entre el actor y sus amigos. Algo de ese espíritu de comunidad de amigos permanece aquí, pero Sandler cede su lugar de preeminencia esta vez a su hija mayor, Sadie Sandler, que protagoniza esta historia del mismo modo que Bat Mitzvá! tenía como protagonista a la menor, Sunny.

Dirigida por Chandler Levack, Compañeras de cuarto tiene como protagonista a Sadie en el rol de Devon, una chica que termina el colegio secundario y se dispone a ir a la universidad. Sin ser una absoluta nerd, es un poco paria de las chicas más populares, de las que quiere estar cerca y quienes, de un modo pasivo agresivo, se burlan de ella. Cuando llega a la universidad todo parece indicar que va a caer en una lógica parecida con sus nuevos compañeros, pero en su vida aparece Celeste (Chloe East, la revelación de Los Fabelman y una actriz con mucho futuro), una chica rara, muy segura de sí mismo y un tanto particular, que se acerca a ella y pronto están juntas, compartiendo cuarto.
Las diferencias son muy evidentes: Devon es tímida, estudiosa, muy apegada a su familia (Nick Kroll, Natasha Lyonne) mientras que Celeste no parece tener familia cercana y se la ve como una chica entre salvaje y torturada, que por algún motivo se pegó a ella. Pero pronto empiezan a aparecer las diferencias y la película se irá armando a partir de los conflictos que empiezan por temas menores –la pieza desordenada, una deuda de dinero, el uso de ropa de la otra, alguna confusa situación sexual– y de a poco va tomando dimensiones más problemáticas.
Todo empeora porque Devon no dice nada, junta fastidio y Celeste tiene el carisma como para que nadie la critique. A tal punto que los padres de Devon creen que su hija exagera con lo que les cuenta. ¿Será así y la mirada de Devon es muy sesgada? ¿O realmente Celeste es una chica peligrosa? Roommates se mete de una manera muy inteligente y, por un rato, bastante realista, en esas sensaciones incómodas que existen entre amigos, tensiones de las que no se hablan pero que cargan a las personas.

El guión de Jimmy Fowlie y Ceara O’Sullivan combina esa mirada perceptiva e inteligente sobre ese mundo adolescente –en el que se notan comportamientos creíbles, diálogos propios de la edad y situaciones simpáticas– con el esperable agregado cómico un poco más directo, propio de la escuela Sandler. Así, entre las incomodidades y tensiones propias que existen entre las amigas aparecen situaciones fuera de control (explosiones, incendios, humillaciones excesivas) y un cierre que deja de lado la sutileza inicial para acercarse a algo más parecido a La guerra de los Roses.
En el medio, hay lugar para cameos de los amigos de siempre de Adam (incluyendo a Janeane Garofalo, a Steve Buscemi y al propio Sandman), la comediante Sarah Sherman aporta lo suyo como narradora de la historia (lo que se cuenta sucedió en el pasado y ella se lo narra a dos alumnas que están atravesando una situación similar para evitar que escale en demasía), y para una interesante subtrama ligada al hermano de Devon (Aidan Langford) que lidia con su temor a salir del closet.
Si bien el final –más virulento y llamativamente oscuro– no está a la altura del resto del film, Roommates sorprende por su mirada incisiva al mundo de las chicas de 19, 20 años que están entrando a la vida adulta con las complejidades del caso. Al menos hasta ahí no hay claros héroes ni villanos sino diferentes puntos de vista y actitudes respecto a la vida. Quizás, lo que para Celeste es normal, para Devon no lo sea. Y ese choque de sensibilidades es el que lleva adelante las mejores partes de esta simpática y a la vez oscura comedia del Clan Sandler.



