Estrenos online: crítica de ‘Louis C.K. Ridiculous’, de Louis C.K. (Netflix)

Estrenos online: crítica de ‘Louis C.K. Ridiculous’, de Louis C.K. (Netflix)

por - cine, Críticas, Estrenos, Online, Streaming
30 Jun, 2026 03:38 | Sin comentarios

El comediante regresa al streaming con una rutina oscura y riesgosa sobre la edad y el deseo en la que los chistes funcionan pero la empatía sigue costando. Disponible en Netflix.

Normalmente no escribo aquí sobre especiales de stand-up —son muchos los que se estrenan y no necesariamente es un material rico para el análisis crítico tradicional—, pero decidí hacerlo en el caso de Ridiculous por un par de motivos. Por un lado, CK es un reconocido autor, cineasta, guionista y director que ha hecho cine y series, empezando por la extraordinaria Louie, con la que se consagró por fuera del universo de los comediantes de stand-up la década pasada. Y, por otro, por la historia personal del hombre que, en pleno éxito, se vio envuelto en un escándalo cuando se revelaron algunos comportamientos suyos de índole sexual bastante desagradables que lo marginaron de los grandes medios y plataformas. En medio de lo que se llamó la «cultura de la cancelación», Louis fue una de sus víctimas más discutibles. No es cuestión de defender sus irresponsables comportamientos, pero quizás el castigo fue un tanto excesivo.

La cultura ha cambiado un poco —en general para peor, pero en este caso haría una excepción— y hoy el comediante puede volver a Netflix con un especial de comedia tras casi una década de ostracismo mediático en la que siguió saliendo de giras y llenando estadios (su popularidad no decayó del todo y él siempre produjo y hasta distribuyó por su cuenta muchos de sus shows y hasta series), pero fue y quizás sigue siendo una figura observada con cierta distancia. La reacción a este especial lo deja en claro y solo basta leer algunas de las críticas publicadas: todavía hay mucha reticencia a lidiar con la figura de Louis CK.

Tampoco es que Ridiculous sea una rutina extraordinaria ni mucho menos. Es un simpático y por lo general amargo recuento de bromas bastante densas, al borde de lo depresivo, en el que el comediante que ya se acerca a los 60 juega con los problemas de su edad, en especial los ligados a la salud y al sexo (o sus dificultades). Lo admirable —o al menos llamativo— es que CK no abandona su humor pesado, riesgoso, en el que habla de pedofilia, de abusos sexuales, de cuestiones escatológicas de todo tipo y de ciertos temas que se acercan demasiado al universo por el que fue cancelado. Pero ese es el riesgo que corre. Y su clásica mirada pícara cada vez que se mete en un tema así ahora alcanza mayores, aunque más complicadas, resonancias.

Las rutinas por lo general funcionan aunque no son particularmente novedosas dentro de lo que él acostumbra a hacer. Acaso el paso del tiempo y lo que atravesó le agrega una cierta densidad a lo que dice, especialmente cuando reflexiona sobre ciertos asuntos ligados a su edad que, más allá del humor que le imprime, son bastante densos. El hombre no menciona ni su situación a partir de las acusaciones ni se mete en ese terreno específico, pero sí parece regodearse en su soledad, en su autopercibida inutilidad, en sus dolores físicos, sus dificultades sexuales y su cercanía con la muerte. «A mi edad uno tiene mucho pasado pero no suficiente futuro» dirá en un momento en el que la gente, curiosamente, aplaudirá en lugar de reir.

Hubo un tiempo, previo al 2017, que las obras de Louis CK resonaban como parte integral de una cultura estadounidense cuyos hombres se veían a sí mismos de una manera inquietante —los tiempos de Mad Men, de Breaking Bad y otras similares—, pero en sus series (tanto en Louie como en Horace and Pete) CK revelaba a la vez una humanista y hasta tierna mirada al mundo en el que sus personajes vivían. Luego de las acusaciones —de las que él se reconoció culpable— costó y seguramente sigue costando tomar ese lado suyo, el de perdedor carismático que puede ser muy soez y ácido pero a la vez conecta con la sensibilidad de los espectadores. Y esa falta de contrapeso incide en el impacto que su humor tiene, ya que ahora no se ve tan claramente esa salvaguarda sensible que lo protegía de las cosas más brutales que decía.

Mucho de ese humor incómodo y autocrítico sobre las falencias y los deseos más oscuros de los seres humanos ahora han quedado al descubierto como algo demasiado parecido a la realidad. Y si bien la «cancelación» puede haber sido brutal y excesiva, tengo la impresión de que le seguirá costando recuperar su lugar en el panteón de los grandes comediantes de la historia. Los chistes y las observaciones pueden ser buenos, la ironía —brusca, pero ironía al fin— continúa estando allí, pero ahora le cuesta un poco más conectar desde la empatía. Y si eso se pierde, hay un hueco en el centro del escenario que ninguna gracia puede tapar.