
Estrenos online: crítica de ‘Phantoms of July’ (‘Sehnsucht in Sangerhausen’), de Julian Radlmaier (MUBI)
En un pequeño pueblo alemán, tres mujeres atraviesan azar, sueños y opresión silenciosa, unidas por la resiliencia de clase trabajadora. Disponible en MUBI.
El cine del alemán Julian Radlmaier combina humor, lucidez, inteligencia y una impronta política que se cuela —de un modo importante, aunque no se note— en medio de relatos inciertos, curiosos y plagados de peculiares giros si se quiere un tanto absurdos. Como en su anterior, Bloodsuckers: A Marxist Vampire Comedy, su más reciente Phantoms Of July mezcla realismo con fantasía, jugando a dos puntas entre el ridículo y la más absoluta seriedad a la hora de presentar a sus personajes y a sus tragicómicas desventuras.
Su inclasificable nueva película —que se estrenó mundialmente en la competencia internacional del Festival de Locarno 2025— tiene como eje a una ciudad pequeña en el medio de Alemania: la antigua y bonita Sangerhausen, cuya larga historia parece reaparecer en el presente de modos curiosos. El film arranca a fines del siglo XVIII cuando una joven de clase baja llamada Lotte (Paula Schindler) decide escaparse con su pareja hacia Francia, siguiendo el sueño de ir a un país revolucionario donde «les cortan la cabeza a los ricos». La fuga no sale del todo como estaba planeada pero Radlmaier no va más allá de eso, sino que abandona ese relato para pasar de golpe a esa misma ciudad en tiempo presente.

La protagonista del segundo segmento es Ursula (Clara Schwinning), también una chica trabajadora (limpia en una mueblería y luego es camarera en un bar en el que la dueña la maltrata por llegar tarde), quien tiene que mantener a un hijo que tuvo muy joven. Su episodio es el más largo y la muestra entablando una relación con un grupo de músicos que vienen a la ciudad a tocar y paran en su bar, recorriendo el pueblo, contando algunas historias y acercándose un poco más a una de estas intérpretes.
La narración se mueve de allí hacia Neda (Maral Keshavarz), una mujer de origen iraní que viaja por Alemania con su cámara, su trípode y trabaja como una influencer turística, filmándose en distintos lugares que considera de interés para sus muchos seguidores. Y allí aparecerá Sung-Nam (Kyung-Taek Lie), un conductor de un bus turístico de origen coreano que, acompañado por un niño un tanto particular, la llevará a hacer un caprichoso recorrido por la ciudad y sus aledaños.
Toda esta azarosa serie de encuentros y desencuentros estará atravesada por la suerte o la casualidad, los sueños, las apariciones y algunos hechos misteriosos o, al menos, inexplicables. Aparecerán piedras un tanto raras, se caerán macetas frente a los personajes, tanto Ursula como Neda tendrán vívidos sueños ligados a personas cercanas y hasta un par de bizarros viajantes circularán desnudos por la ciudad. Y en medio de todo, se notará en Sangerhausen un clima un tanto agresivo contra los inmigrantes, incomodando a varios de los protagonistas.

En el universo un tanto absurdista del realizador alemán lo que parece celebrarse es algo así como la resiliencia de las personas de la clase trabajadora que tratan de sobrevivir a todo tipo de crueldades a lo largo de las épocas. Sin hacer un film subrayado en lo político, lo que conecta a Lotte, Ursula y Neda es la presión que atraviesan de parte de jefes, estados y hasta de la policía, que circula amenazante por los alrededores. Y la conexión —real o imaginaria— que tienen entre todas ellas se arma a partir de esa búsqueda de supervivencia común. A tal punto es así que esta debe ser la primera película que recuerdo que tiene a una influencer como protagonista y no se burla de ella ni la pinta de manera necesariamente cruel.
Pero más allá de todo eso, Sehnsucht in Sangerhausen (tal el título original) funciona como una suerte de juego, de divertimento con cierto aire fantástico, uno que hace recordar al cine del realizador georgiano Alexander Koberidze en su casi siempre lateral y en apariencia caprichosa concatenación de hechos. Filmada en granuloso 16 mm. por Faraz Fesharaki (mismo DF que utiliza Koberidze en What Do We See When We Look at the Sky?), el film de Radlmaier es ameno, ligero y tiene una puesta en escena igualmente audaz, capaz de pasar de una escena escatológica en plano detalle a otra fantástica y de allí a una romántica. Esa libertad es la que rige la manera de filmar de este creativo realizador alemán.
El film se presenta en MUBI dentro del ciclo «Santos, fantasmas y comunistas: películas de Julian Radlmaier.» Ya está disponible también «Chupasangre: una comedia marxista de vampiros» (2021) y el 24 de julio se estrenará «Autocrítica de un perrito burgués» (2017).



