Festival de Valdivia 2021: nueve críticas de la Competencia Oficial

Festival de Valdivia 2021: nueve críticas de la Competencia Oficial

Concluyó una nueva edición del Festival de Valdivia, en Chile. Aquí, críticas de nueve películas que pasaron por su competencia oficial, incluyendo la triunfadora, «Mis hermanos sueñan despiertos», de Claudia Huaiquimilla.


Concluyó una nueva edición del Festival de cine de Valdivia, uno de los más importantes y reconocidos de la región. El evento, que se realizó de forma mixta –presencial y virtual– concluyó con el premio a mejor película para MIS HERMANOS SUEÑAN DESPIERTOS, de Claudia Huaiquimilla, mientras que el Premio Especial del Jurado de esta categoría se lo llevó el film canadiense STE. ANNE, de Rhayne Vermette. En la de Competencia Largometraje Chileno, el triunfador de este año fue AL AMPARO DEL CIELO, de Diego Acosta.

Aquí les dejo críticas de nueve películas de la Competencia Oficial, incluyendo la ganadora y títulos como ELES TRANSPORTAN A MORTE, CHARM CIRCLE, EL CIELO ESTA ROJO, STE. ANNE, TAMING THE GARDEN, ONE IMAGE TWO ACTS, QUE SERA DEL VERANO y EL GRAN MOVIMIENTO, cuatro de ellas ya previamente publicadas en el sitio (pueden leerlas en sus respectivos links) y otras vistas o agregadas ahora. Hasta el año que viene.


MIS HERMANOS SUEÑAN DESPIERTOS, de Claudia Huaiquimilla. Estrenada mundialmente en la competencia oficial del pasado Festival de Locarno, la segunda película de la directora de MALA JUNTA se centra en la vida dentro de un centro de detención de Puerto Montt de un grupo de jóvenes, haciendo eje principalmente en dos hermanos que están ahí ya hace un año sin todavía ser juzgados. Angel, el mayor, es el que parece sobrellevar mejor la experiencia pero su hermano Franco la pasa bastante mal, al punto de intentar suicidarse.


La única visita que reciben es la de su abuela y, dentro de la cárcel, se las arreglan lo mejor posible gracias a los esfuerzos de una trabajadora social (Paulina García), que los ayuda a lidiar con asuntos personales mediante el arte y la escritura, y a partir de algún coqueteo romántico con las chicas de otro sector. Cada tanto la película muestra algunos de sus sueños o ellos hablan de lo que desearían hacer de grandes, arrancando con Franco que se imagina jugando en el Barcelona pero terminando su carrera «por chocar un auto borracho», directa referencia futbolística que algunos captarán.

Pero las cosas no son fáciles allí. Hay tensiones internas entre los presos –un recién llegado sufre las agresiones de los más violentos, hay intentos de violación–, pero en general el clima entre los jóvenes es bastante solidario. No, claro, con los guardias, que les hacen la vida imposible en cada momento ni con los burócratas que no se ocupan demasiado de hacer algo para sacarlos de ahí o, al menos, mejorar sus condiciones de vida. Una serie de circunstancias llevarán a que varios de los detenidos empiecen a pensar en la posibilidad de un motín y un escape como posible «remedio» para esta situación.

Basada en un caso real (sobre los créditos de cierre se cuentan detalles de lo que pasó), MIS HERMANOS… también se presenta como una suerte de homenaje a los casi 2000 jóvenes que pasaron por centros de detención del SENAME en Chile y no sobrevivieron a la experiencia. Se trata de una película honesta, sencilla que trata de mostrar las difíciles situaciones y complejas emociones que atraviesan los jóvenes que, por distintos motivos, están en este tipo de instituciones que parecen más que nada dedicadas a impedir que tengan cualquier tipo de reingreso digno a la vida social.

Con muy buenas actuaciones de la mayoría de los adolescentes protagonistas, la película de Huaiquimilla gana puntos también al evitar regodearse en los posibles momentos de crueldad y violencia entre los detenidos (los hay, pero son pocos y fuera de campo) prefiriendo tejer lazos solidarios entre ellos, sea a partir de los sueños que se cuentan, las conversaciones sobre sus vidas o algún romance. La fuga, finalmente, responde a esa necesidad de encontrarse con esos sueños y tratar de experimentarlos en la vida real. Aunque sea, tan solo, una pequeña parte de ellos.


CHARM CIRCLE, de Nira Burstein. Los que leen a menudo este sitio sabrán que tengo mis problemas con los documentales familiares. Pero hay veces que el género es ideal para presentar historias, personajes y hasta hablar de temas (en este caso, la salud mental) y que logra ir más allá del narcisismo y de la potencial explotación de sus sujetos. Ese riesgo se corre aquí también pero siento que la experiencia lo amerita. Burstein filma a su familia judía que vive en Queens y a eso le suma un enorme archivo de grabaciones familiares que empiezan en su niñez. De a poco los vamos conociendo y nos va quedando claro que se trata de una familia compleja. Su casa es un caos de objetos y aparente suciedad, sus padres no parecen llevarse nada bien y Nira tiene una hermana que posee alguna dificultad de desarrollo intelectual bastante severa.

Todo esto podría dar para caer en algún bajo pozo de miserabilismo o auto-conmiseración, pero eso casi nunca sucede acá. A partir de la confianza de que sea una de sus hijas la que los filma, la familia va desnudando sus conflictos, sus fragilidades, sus miserias pero también su extraño humor y su constante mezcla entre lo entrañable y lo irritante. El disparador de la acción es la boda «poliamorosa» de otra de las hermanas de la directora (se casa con otras dos personas) y los conflictos internos que eso genera. Pero, finalmente, se trata de un eje secundario. Lo que Nira va desarmando es una mecánica familiar donde la violencia verbal y la agresividad (del padre, fundamentalmente) y la fragilidad emocional y psicológica (de la madre y de la hermana mayor que vive con ellos) generan un caos que pasa de lo desgarrador a lo cariñoso casi sin pausas.

Por momentos me hizo recordar a CRUMB, otra película en la que los límites entre el genio y la fragilidad mental son finísimos. Aquí uno va viendo lo tenue que es el hilo que sostiene a la familia de caer en un pozo aún más complicado de salir. «A uno le parece normal porque es lo único que conoce», dice Uri, el excéntrico y musical pater familias. Y es cierto que a veces solo la mirada del otro desnuda estas lógicas. Uno puede creer que su infancia es «normal» porque así nació y creció, pero más adelante quizás advierta que no ha sido tan así. No todas las familias son como los Burstein –que pasan de cantar y bailar todos juntos a decirse las cosas más hirientes, que se adoran pero se agreden constantemente poniendo en peligro en algunos casos el mínimo contacto con la sanidad que algunos de ellos tienen–, pero todas tienen sus peculiaridades. Y aquí hay casi para escribir un libro sobre el tema de la disfunción. O una comedia musical.


ELES TRANSPORTAN A MORTE, de Helena Girón y Samuel M. Delgado. De carácter poético, observacional, la película de Girón y Delgado parte de la llamada «Conquista de América» centrándose en un costado si se quiere lateral de ese viaje. Cuando Cristobal Colón y sus carabelas marchan al «Nuevo Mundo», en su paso por las Islas Canarias tres tripulantes –que viajaban para pagar condenas– se escapan y deciden quedarse allí. El film irá narrando de un modo casi silente esa fuga casi siempre a oscuras y en la que van llegando maltrechos a tierra firme mientras son perseguidos.

Por otro lado, en paralelo, el film cuenta la historia –presenta, sería un mejor modo de decirlo– de una mujer de Galicia que trata de salvar a su hermana que está al borde de la muerte tras un intento de suicidio, algo que hace con ayuda de una curandera local. No queda claro si hay conexión entre ambos relatos (la película jamás explicita si los hombres de la expedición salieron de ese lugar ahora solo habitado por mujeres) pero sí se entiende la función relativa que cumplen: por un lado están los que se van y, por otro, las que se quedan. Ninguno la tendrá fácil.

En una película filmada en granulosos 16mm. que parece transcurrir siempre a medialuz (es como si fueran siempre las 5 de la mañana y faltara un poco para el amanecer) y en la que los personajes –y la propia situación– van dando a conocerse de a poco, ELES TRANSPORTAN A MORTE trata de hurgar en la mitología de Colón y la conquista, derribando ideas y hasta narrativas (a veces de forma claramente revisionista) que se han mantenido desde entonces, quizás hasta imaginando que las cosas no sucedieron tal como se las enseña en las escuelas.

Se trata de una película que narra intentos de supervivencia en sus diferentes facetas, ya que cada historia se apoya en ejes distintos para hablar de un mismo tema: la imposibilidad de escapar de una muerte segura, los inimaginables recorridos que se hacen para evitarla. Pero también, en su carácter seco, oscuro, minimalista y un tanto enigmático (hay un poco de Albert Serra aquí, otro tanto de Lois Patiño, por citar a cineastas reconocidos que exploran universos visuales similares), la película se presenta como un ominoso poema visual que transforma a la muerte en una evidencia incontestable. Sea en Galicia, en Canarias o en el Mundo Nuevo.


EL CIELO ESTA ROJO, de Francina Carbonell. Este documental se basa, fundamentalmente, en los registros visuales obtenidos dentro de la cárcel chilena de San Miguel que registran un incendio que terminó con más de 80 muertos y varios heridos tras la demora en abrir las puertas del lugar, transformándose en una de las mayores tragedias de ese tipo en Chile. Las imágenes del film son las que forman parte de la carpeta judicial del caso y es la primera vez que se ven públicamente, permitiendo ver detalles (y manipulaciones) que permitieron «enredar» la investigación de un caso en el que, finalmente, todos los imputados fueron absueltos.

Los llamados telefónicos de urgencia, las cámaras que van captando lo que sucede tanto en el interior de la cárcel como en el exterior, además de testimonios capturados en el momento mismo de los hechos, dan a entender una oscura secuencia de negligencias y manipulaciones que van dejando en claro que buena parte de lo que se considera «registro audiovisual» puede ser también utilizado según las conveniencias y necesidades. El documental de Carbonell explora el incidente por ese lado y su interpretación política se desprende de eso, sin necesidad de demasiada «editorialización» ni agregados. La imagen puede ser verdad o mentira, 24 veces por segundo, según quién sea el que cuente la historia.


ONE IMAGE, TWO ACTS, de Sanaz Sohrabi. Este mediometraje documental analiza la historia Irán en relación de la explotación de petróleo de parte de las potencias occidentales. En paralelo a esa trama sociopolítica, la realizadora le agrega otra, un tanto más inusual, ligada al cine en sí mismo. Por un lado, a partir de contar con las imágenes que compañías como British Petroleum filmaron durante la primera mitad del siglo XX allí, mostrando no solo su producción sino también hablando del país y de su gente.

De ese modo la voz de la realizadora (y textos en la pantalla) va reinterpretando esa producción de imágenes en función de los momentos políticos de Irán, desde los procesos nacionalistas –el 1953 subió al poder un gobierno que nacionalizó el petróleo– a la etapa más pro-occidental (del Shah Pahlaví) hasta llegar a la revolución islámica de 1979. A ese mix la directora le suma, al final, escenas de películas del nuevo cine iraní, como las de Amir Naderi (EL CORREDOR, fundamentalmente) que, de alguna manera, tomaron y resignificaron ese imaginario cinematográfico. Entre el documental social y el experimental, se trata de una interesante manera de aproximarse a la conflictiva historia de la explotación petrolera en Medio Oriente y sus consecuencias.


QUE SERA DEL VERANO, de Ignacio Ceroi. Ver crítica aquí.

TAMING THE GARDEN, de Salomé Jashi. Ver crítica aquí.

STE. ANNE, de Rhayne Vermette. Ver crítica aquí.

EL GRAN MOVIMIENTO, de Kiro Russo. Ver crítica aquí.