Estrenos online: crítica de ‘El páramo adolescente’ (‘Teenage Wasteland’), de Amanda McBaine y Jesse Moss (Netflix)

Estrenos online: crítica de ‘El páramo adolescente’ (‘Teenage Wasteland’), de Amanda McBaine y Jesse Moss (Netflix)

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06 Sep, 2026 04:24 | Sin comentarios

Tres décadas después, antiguos estudiantes recuerdan la investigación que convirtió un taller audiovisual escolar en una inesperada fuerza de control ciudadano.

Nada hace suponer que uno se terminará convirtiendo en periodista de investigación en la escuela secundaria. Pero eso es lo que sucedió con un buen grupo de alumnos que, en la década del ’90, se anotaron en un curso optativo de su escuela sin saber que terminarían recorriendo los grandes medios del país con una investigación que puso en jaque al poder político local, a la policía, a grandes corporaciones y hasta a la mafia. Esa historia es la que se cuenta y se recuerda en Teenage Wasteland, un documental que viaja a esa época dejando en claro que el pasado sigue estando muy presente.

En 1991, un tal Fred Iseeks, profesor de una escuela secundaria de la ciudad de Middletown, en el corazón del Estado de Nueva York, armó una clase optativa llamada Electronic English que, más allá de su difuso título, funcionaba como un estudio de TV multipropósito. Allí los alumnos grababan programas, videoclips, shows musicales, cortos de ficción y lo que se les ocurrieron. Tenían cámaras y una isla de edición. Y a muchos les encantaba ir, simplemente, porque la pasaban bien y el profesor era amable y cool. Nadie suponía ni pretendía otra cosa.

Pero también había que hacer algo más curricular y para eso se embarcaron, como novatos periodistas de investigación —una versión adolescente de 60 Minutes— en saber qué pasaba con unos basurales llenos de residuos tóxicos ubicados muy cerca de la ciudad en la que vivían. A partir de denuncias, primero, y luego a partir de recorrer el lugar, Fred y los chicos se fueron dando cuenta de los peligros que esos residuos tóxicos traían aparejados, ya que muchos terminaban en el agua del río Hudson, que recorría todo el estado, poniendo en riesgo la salud de la gente. Y así se convertirían en controvertidas «estrellas» de la comunidad, llegando a los medios nacionales pero también dándose contra la pared a la hora de lograr hacer algo respecto a lo que pasaba allí.

La particularidad del film es que está contado hoy, más de 30 años después de los hechos, por el mismo profesor y algunos de los alumnos involucrados en esa investigación que derivó, en su momento, en cuatro películas y muchos programas de cable abierto con entrevistas a todos los políticos de la zona. Los propios alumnos, que hoy rondan los 50, se ven y comentan las escenas de entonces, sorprendidos por su coraje cívico a la hora de ponerse al frente de un tema tan urticante —se sospechaba que la mafia estaba implicada, además de algunas grandes corporaciones— y haciendo entrevistas agudas y sin concesiones.

Toxic Wasteland —traducida al castellano con el anodino título de El páramo adolescente— mezcla periodismo de investigación con coming-of-age, ambientalismo con nostalgia, y va pasando de lo estrictamente periodístico a lo personal, metiendo en el medio las emociones y sensaciones de esos chicos de entonces y de estos adultos de ahora. Con algo de melancolía por la época y admiración por la tenacidad y entereza demostrada entonces, los protagonistas van narrando su propia historia, tanto en la esfera privada como en la pública.

Los directores de Boys State y Girls State —dos películas sobre activismo e idealismo adolescente— regresan acá con un tema similar pero con el paso del tiempo como un factor adicional importante. Y lo que el film hace, casi sin quererlo, es reflejar un problema del presente: la falta de un periodismo de investigación que no haga concesiones a los poderes fácticos —empresariales o políticos— y la ausencia, o al menos importante disminución, del cierto espíritu cívico en las nuevas generaciones. Sin celulares ni internet ni tiempo que perder online, los protagonistas de Teenage Wasteland se arriesgaban para descubrir los secretos y peligros escondidos en su propio habitat. Tres décadas después, cuando el planeta está aún más dañado que entonces, a muy poca gente parece importarle.