Estrenos: crítica de ‘Puedes verlo todo’ (‘You Can See Everything’), de Nathan Fielder y Lance Oppenheim

Estrenos: crítica de ‘Puedes verlo todo’ (‘You Can See Everything’), de Nathan Fielder y Lance Oppenheim

por - cine, Críticas, Estrenos
30 Oct, 2026 11:30 | Sin comentarios

Nathan Fielder y Lance Oppenheim consiguen un acceso extraordinario a la empresaria fraudulenta Elizabeth Holmes, solo para descubrir que verlo todo no necesariamente significa conocer la verdad.

El título de la película anuncia uno —quizás varios— de sus temas principales. Por un lado, el más obvio y directo. «Podés ver todo», es lo que Elizabeth Holmes le dice a Nathan Fielder a la hora de acordar qué acceso tendrá el realizador durante el rodaje de la película. Y ese acceso, esa cercanía, es la que se pone en disputa aquí. Fielder —que sale en cámara— y Oppenheim —que no— tienen supuestamente acceso a todo lo que está ahí y es capturado por las cámaras. ¿Pero es eso todo? ¿Lo que se filma para un documental representa la totalidad de lo que existe en un lugar y un momento determinados?

Esa, de todos modos, no es para mí la pregunta principal que se abre con el título, sino otra, una que aparece en las conversaciones que el creador de Nathan For You, The Rehearsal y The Curse tiene con Holmes, la mujer que se hizo famosa al querer introducir al mercado una revolucionaria tecnología de análisis sanguíneo que jamás funcionó. En sus íntimas conversaciones —muchas veces separados por unos pocos centímetros—, el documentalista y su sujeto debaten el significado de la palabra «poder». Para él, decir que un aparato «puede hacer cualquier tipo de test» significa exactamente eso: que lo hará. Para Liz es más difuso. Para ella, que lo pueda hacer no significa que lo haga. Y ahí se entiende la diferencia de criterios. «Podés ver todo» quizás no signifique lo mismo para uno que para el otro.

Un pequeño párrafo introductorio quizás sea necesario para los que no conocen «la previa» de este documental. Holmes se convirtió en una celebridad no tanto por su fallido invento —ese aparato enigmático que, decía, era capaz de realizar cientos de pruebas médicas complejas de forma rápida, barata y precisa con solo unas pocas gotas extraídas de un dedo— sino por haber recaudado muchísimos millones de dólares para hacerlo, al punto de transformarse en la primer mujer billonaria cuando su empresa, Theranos, se valuó en 9 mil millones de dólares, siendo la mitad de eso considerada su fortuna personal. Su imagen —muy joven, un tanto extraña, con un tono de voz grave y ojos que casi nunca parpadean— ayudó mucho a transformarla en una celebridad a mediados de la década pasada.

Pero su imperio cayó cuando se hizo evidente que era todo un gran fraude y que esos análisis clínicos solo funcionaban en su imaginación. O, volviendo al título de la película, en el amplio potencial de algo que «puede hacerse». Cuando Fielder, un comediante y creador de muy peculiares series (ver los links arriba), se enteró que Holmes negociaba con la productora A24 un documental sobre su vida, se ofreció a hacerlo junto a Oppenheim. Holmes era un material perfecto para su estilo inquisitivo, entre curioso y también extravagante, de acercarse a la gente y al género documental. La mujer no hablaba en público hacía casi una década y, para cuando Fielder y Oppenheim comenzaron a filmarla, solo le faltaban 34 días para ingresar a la cárcel, condenada a once años por «conspirar para defraudar a inversores». Era el momento de obtener esa ansiada verdad, frente a frente, cara a cara, con acceso completo (24/7) a la dama en cuestión. ¿Le ganará Fielder la pulseada?

You Can See Everything es, al menos durante su primera mitad, una suerte de partida de ajedrez, de juego peligroso entre la persona que filma y la filmada, entre el cineasta y su protagonista, entre el que mira y el que es mirado. Esa primera parte consistirá en escuchar tipo espía las conversaciones, entrevistas y los comentarios del día a día de la casa en la que habitan Holmes, su pareja Billy Evans, y sus dos hijos. Fielder se instala allí con ellos y comparte con la dupla situaciones cotidianas en la cocina, íntimas en el baño, miran todos juntos de una forma un tanto incómoda la serie de ficción que se hizo sobre Holmes (The Dropout) y protagonizó Amanda Seyfried, y discuten acerca de los propios mecanismos del documental mientras los días pasan y el momento de ir a la cárcel se acerca.

Allí el film será una suerte de combate dialéctico, uno que marcará las diferencias que hay entre ambos —el momento en el que analizan un famoso sketch de Abbott & Costello es ejemplar al respecto—, pero también las similitudes: Fielder y Holmes han sabido crear personajes públicos que no se quiebran y que se mantienen en su postura caiga quien caiga. Fielder lo hace con su alter-ego cómico, uno al que siempre se lo ve serio, un tanto incómodo y manejándose en un margen muy fino entre el «es o se hace». A su modo, Holmes es igual: ella asegura ser tal cual se la ve, honesta y franca, sin nada que ocultar. Una persona que dice jamás haber mentido en toda su vida —»ni una mentira blanca», dirá— y que mantiene que todo lo que hizo lo hizo de buena fe. ¿Miente o dice la verdad? ¿Cree lo que dice o se la tragó el personaje?

El estilo del film se acerca más a los de Oppenheim que a los de Fielder, más que nada porque el director de Some Kind of Heaven y Spermworld se caracteriza por hacer documentales formalmente estilizados y enigmáticos, en los que los escenarios y los personajes son vistos de un modo más cercano a la ficción que a lo que se espera de un documental más tradicional. El uso de la música, los cortes, los lentes, los planos cercanos, los silencios: todo suma a que You Can See Everything tenga un carácter casi fantástico, como una película de suspenso en la que no se sabe muy bien qué es real y qué no es, ni cómo muchos elementos de la ficción pueden coexistir dentro de un film que parece tener el status de un documental. Fielder también se mueve en un territorio extravagante (vean sino el final de The Curse o algunos de los momentos más retorcidos de The Rehearsal y lo comprobarán) y acá por una vez parece haber encontrado un rival a su medida.

La primera mitad del film se presentará como una discusión sobre los límites entre lo verdadero y lo falso, entre la realidad y la ficción, metiendo en el medio detalles de la relación entre ambos y, sobre todo, las tensiones que empiezan a aparecer lentamente entre Evans y el equipo de filmación por motivos que ya descubrirán al ver la película. El ingreso a la cárcel de parte de Holmes marcará el fin de una etapa y, dos años después, se abrirá otra, allí donde los mecanismos metaficcionales clásicos de Fielder harán su ingreso a la ceremonia. Sin llegar a los límites estratosféricos de sus últimas series, el cineasta/comediante propondrá de todos modos un gambito curioso para seguir «contando» con Holmes aún sin la posibilidad de tenerla, ya que en la cárcel no aceptan que se ingrese con cámaras, entre otras restricciones. Estará además Evans, que allí pasará a convertirse en un personaje tan importante como el de su pareja, un tipo igual o más sinuoso que ella pero de una forma más evidente.

Esa apuesta tendrá reminiscencias del cine de Charlie Kaufmann (los que vieron Synecdoche, New York sabrán a qué me refiero) en lo que respecta a la idea de capturar la verdad por la vía del artificio y abrirá el territorio a comparaciones con otros documentales que ponen en tensión su conexión con lo real, como F For Fake, de Orson Welles, The Act of Killing, de Joshua Oppenheimer (no confundir con Oppenheim), o Kate Plays Christine, de Robert Greene, por citar solo algunos. Fielder y Oppenheim dinamitan allí la idea del documental clásico y se preguntan si la ficción —a través de sus recursos— no es quizás el mejor camino para llegar a una verdad que no necesariamente se captura por más que uno «pueda ver todo».

Uno de los temas principales de esta segunda parte tendrá que ver con la ética que existe —o debería existir— detrás de un documental de este tipo. Allí entrará en juego el tema del dinero (¿corresponde pagarles a los «personajes» de un film de este tipo?), el del manejo de esa información y, sobre todo, ¿cuáles son los límites qué no deben romperse? Dicho de otro modo: cuándo la intimidad puede ser demasiada e impedir la imparcialidad de los cineastas. Puedes verlo todo le dará mucha importancia —una algo excesiva a mi gusto y que ocupa demasiado tiempo— a ciertas negociaciones económicas de las que quizás no todos los protagonistas estén al tanto. Pero lo más relevante en este segmento tiene más que ver con cómo Fielder y otra persona que lo acompaña en esta parte del film y que no vamos a revelar acá empiezan a caminar sobre territorio minado en relación a los límites con Holmes.

Hay dos momentos centrales en los 174 minutos del film que abonan esa teoría casi filosófica acerca de la imposibilidad de llegar a una verdad más profunda de la que se puede filmar. En más de una escena Holmes y Fielder discuten acerca de una frase de ella que salió en una entrevista del New York Times. Allí se publicó que Holmes le había hablado a la periodista acerca del «personaje que yo creé» hablando de sí misma, pero ella niega haber dicho eso, cree haber hablado del «personaje que ellos crearon», refiriéndose a las personas que la conocieron. Esa persona que la que la gente cree conocer, asegura Holmes, no tiene necesariamente que ver con la real. Ella está ahí, abierta a los interrogatorios, dejando correr lágrimas por sus mejillas, mostrando toda su humanidad. O algo que se le parece a eso.

En otro momento a Holmes la harán posar para escanear su cara y su cuerpo en 3D antes de ir a prisión, con el objetivo de tener una suerte de avatar de Inteligencia Artificial que pueda «continuar» con su vida digitalmente. Con la mujer alejada del mundo durante su condena, la tecnología podría servirle —a ella y, más que nada, a su pareja— para mantenerla «con vida» con fines comerciales. La posibilidad es tan real como escalofriante. Y termina cerrando el círculo que se abrió al principio del film. You Can See Everything está, en última instancia, menos interesada en lo que una cámara puede capturar que en lo que queda fuera de su alcance. Cuanto más ven Fielder y Oppenheim a Holmes, más elusiva se vuelve esa persona. Tal vez esa sea la idea más inquietante de la película: que verlo todo no sea necesariamente lo contrario de no ver nada, sino otra manera de descubrir cuánto permanece invisible a los ojos.