Ciclos: recomendaciones de «Espanoramas 2021»

Ciclos: recomendaciones de «Espanoramas 2021»

Del 3 al 13 de junio tendrá lugar una nueva edición que, este año, será virtual del ciclo que trae los más interesantes títulos del cine español reciente. Aquí, críticas de siete de los 13 films que se presentan.


Una nueva edición –virtual, mayormente– del ciclo ESPANORAMAS que programa Fran Gayo, un amigo de la casa, comienza el 3 de junio y se extiende hasta el 13. Aquí van críticas y reseñas breves de siete de las películas que se exhibirán en este ciclo. Una sola de ellas, el mediometraje THE HUMAN VOICE, de Pedro Almodóvar y protagonizado por Tilda Swinton, se verá solo en un cine hasta hoy habilitado (en Córdoba, ver detalles abajo). Los demás podrán verse de manera gratuita a través de este link: www.espanoramas.com.ar

Aquí abajo, entonces, reseñas y links a críticas de las siete películas que he visto:

-LAS NIÑAS, de Pilar Palomero. La vida de una niña de once años, alumna de un colegio religioso en la España de los años ’90, es el centro narrativo de la opera prima de Palomero, una película con algunos puntos de contacto temático y de tono con VERANO 1993, de Carla Simón. Ambas tienen características autobiográficas, transcurren en una época de similares cambios culturales y sociales y tienen a una niña (de distintas edades, claro) como protagonista. Hay diferencias, sí, pero pueden ser vistas como parte de un similar panorama de renovación cinematográfica liderado por realizadoras.


La protagonista de este coming of age se llama Celia y atraviesa ese momento en que sus intereses y curiosidades personales se chocan con la estricta educación religiosa que recibe en la escuela de Zaragoza a la que concurre. Y lo que hará entrar a la chica en conflictos aún mayores entre esos dos planetas paralelos es la llegada de una chica nueva a la clase, de Barcelona, mucho más «liberal» en su modo de vida y elecciones. Es así que Celia se verá directamente interpelada por este nuevo mundo habitado también por chicas un poco mayores que ella –un universo de discos de rock, cigarrillos y otros hábitos que en su encierro escolar/familiar son considerados como pecaminosos– y será testigo y protagonista del shock que eso genera en la realidad infantil que todavía habita.

De una manera simple y directa pero efectiva –utilizando el formato cuadrado de pantalla para dar cuenta de ese encierro– y con la justa distancia que da el tiempo para observar y a la vez reflexionar sobre lo sucedido pero sin perder del todo la cercanía emocional, Palomero logra hacernos regresar, por un tiempo, a una época en la que costumbres que ahora son comunes y habituales eran vistas de una manera muy diferente y problemática. En cada país esas circunstancias pueden ser distintas (en la posdictadura en Argentina también convivieron de manera incómoda esas dos realidades), pero la sensación es similar y está marcada por el descubrimiento, maravilloso y atemorizante a la vez, de que hay otra vida allá afuera.



LA ULTIMA PRIMAVERA, de Isabel Lamberti (crítica aquí)

EL AÑO DEL DESCUBRIMIENTO, de Luis López Carrasco (crítica aquí)

TRANSOCEANICAS, de Meritxell Colell y Lucía Vassallo. El género del intercambio epistolar, cada vez más popular dentro del cine a partir de las facilidades para poder filmar la vida cotidiana, tiene un muy buen referente en esta película dirigida a cuatro manos –o de a dos en dos– entre una directora española y otra argentina mucho antes de la pandemia (que generó muchos más films de este tipo). Con diferentes tipos de «escritura visual», Colell y Vassallo comparten experiencias y vivencias personales, filman momentos cotidianos y se cuentan historias, se comunican visual y emocionalmente de una manera amistosa.

Quizás la diferencia entre esta nueva camada de películas de «correspondencia» a otras que se hacían en décadas anteriores es que casi todas están realizadas por personas que son colegas pero, antes que eso, son amigos. Y eso, que podría parecer menor, le da a los films una característica muy distinta a otros, ya que lo que se comunica pasa menos por el «mostrarse» que por el «conectarse». No hay mucho de show off en el intercambio sino la necesidad personal de transmitir sensaciones: de nostalgia, de desarraigo, de soledad, de búsquedas personales. En ese punto se aprecian realmente como un intercambio de misivas que no están dirigidas a uno sino que se relacionan entre sí con el espectador casi como fisgón de esa intimidad.

Hay pausas, largos silencios, meses en los que no se escriben ni se cuentan sus vidas y sensaciones, sus cambios personales –mudanzas, pérdidas, separaciones– y los que las rodean. Y luego vuelven, casi como poniéndose al día no tanto en lo anecdótico sino en lo sensorial. Las cartas de Colell, como su cine, apuestan más por algo experimental desde lo visual, más poético si se quiere. Las de Vassallo van más por la poesía de la experiencia, del registro de lo humano. La primera vivió bastante tiempo en Argentina y extraña. La separación geográfica no parece arruinar una amistad forjada por las experiencias comunes. Antes de la pandemia, cuando se podía viajar, ver esta película podía ser una experiencia emotiva. Ahora, que es más difícil encontrarse en persona, imagino que lo es aún más.


MY MEXICAN BRETZEL, de Nuria Giménez (crítica aquí)

LONGA NOITE, de Eloy Enciso (crítica aquí)

-LA VOZ HUMANA, de Pedro Almodóvar. Escrita en 1930 por Jean Cocteau como un one act play teatral de apenas 40 minutos, LA VOZ HUMANA consiste en una mujer hablando por teléfono a lo largo de toda la obra. Los temas de la pieza inspiraron a Pedro Almodóvar a crear, hace más de 30 años, MUJERES AL BORDE DE UN ATAQUE DE NERVIOS y ahora lo llevan a ir directamente al grano: una adaptación bastante más directa de la pieza en sí, protagonizada por Tilda Swinton y filmada durante la primera etapa de la pandemia en un estudio.

Más allá de estar actuada en inglés (con una breve excepción inicial), LA VOZ HUMANA conserva todos los temas y modos del realizador manchego. Tras un inicio en el que la protagonista va a comprar un hacha a una ferretería (allí la atiende Agustín Almodóvar), el resto de la pieza tendrá lugar en la casa en la que la mujer espera la llegada o al menos un llamado telefónico de un hombre. Lo que sí queda claro de entrada es la artificialidad del espacio. Almodóvar deja en evidencia todo el tiempo que está filmando a Swinton en un set. Se ven las paredes y los falsos cuartos de un tradicional plató –rieles, luces, puertas, cables, un balcón que da al mismísimo set–, lo cual sirve para generar esa mezclada sensación de que uno está viendo algo cinematográfico y teatral a la vez. Un espacio de la mente más que ninguna otra cosa.

Almodóvar estructura el monólogo de Swinton haciéndola mover entre las habitaciones y los espacios, con cortes sobre el eje y primeros planos significativos que van acrecentando el drama que atraviesa, el que, pese a estar siempre impecablemente vestida y maquillada, es emocionalmente severo. Se trata de una mujer que intenta mantenerse con cierta entereza tras haber terminado una relación con un hombre con el que se está por reencontrar pero que no aparece en la cita pactada. La creciente angustia, los intentos de mantenerse con calma, las idas y vueltas entre el fastidio, la agresión y cierta sumisión van caracterizando el monólogo de la actriz que parece ir perdiendo (y recuperando) la calma con el correr de los minutos.

Es una media hora para disfrutar de Swinton, de sus sutiles cambios emocionales, de cómo lentamente parece ir recomponiéndose y descomponiéndose mientras conversa –miente, más de una vez– con su ex pareja, al que jamás escuchamos pero que es evidente que no quiere tener nada más que ver con ella y que siempre ha sabido controlarla y manipularla. Swinton va y viene por un espacio que tiene todas las características de un departamento almodovariano, desde la disposición y el tipo de objetos hasta los colores y el uso de los elementos que están dentro del cuadro, pasando por un perro con una evidente predisposición para el melodrama. Y la combinación funciona a la perfección. Es un monstruo de tres patas (Pedro, Jean, Tilda) que camina a un paso propio, raro y personal pero que llega al lugar emocional esperado.

NOTA: La película “La voz humana” no estará disponible online. Únicamente está prevista su exhibición presencial, si las condiciones sanitarias lo permiten, el 13 de junio en el Cineclub Municipal Hugo del Carril de la ciudad de Córdoba, como actividad de clausura de la Muestra.