Festival de Guadalajara: 21 críticas y reseñas

Festival de Guadalajara: 21 críticas y reseñas

por - cine, Críticas, Festivales
19 Jun, 2022 06:49 | Sin comentarios

Aquí un repaso de 21 películas que se presentaron en las distintas secciones del recientemente concluido festival internacional de cine de Guadalajara, México.

Acá va una serie de críticas de películas que se presentaron en el recientemente concluido Festival de Guadalajara, algunas de las cuales he visto durante el evento en sí y otras sobre las que he escrito previamente, las que pueden chequear entrando a sus respectivos links. No están divididas por secciones ni hay un ranking de preferencia. Otras críticas de películas vistas ahí irán saliendo durante las próximas semanas.

CAMILA SALDRA ESTA NOCHE, de Inés Barrionuevo

CARAJITA, de Silvina Schnicer y Ulises Porra


EAMI, de Paz Encina

UN AÑO, UNA NOCHE, de Isaki Lacuesta

LOS SALDOS, de Raúl Capdevila Murillo La vida campesina en las regiones del norte de España ha sido capturada en muchos films, especialmente en documentales de ese país. En LOS SALDOS el realizador se acerca a un familia de veteranos campesinos de un area rural (Binéfar, en la región aragonesa) que se enfrentan al regreso de su hijo, que ha vuelto a vivir allí luego de pasar un frustrado tiempo en una ciudad. A partir de este disparador la película mostrará los cambios en la mecánica familiar pero, más que nada, se centrará en otros cambios, unos que tienen que ver con un modo de vida que va desapareciendo para dar paso a otro que parece arribar de manera brusca. La particularidad del film es que la propia familia del director es la protagonista y él mismo es el joven que regresa allí, a un pueblo que parece estar a merced de la llegada de una gran empresa dedicada a la ganadería que cambiará toda la mecánica social del lugar. Con algunos apuntes visuales que bordean la épica del western, LOS SALDOS captura a su manera ese cambio de época pero, más que nada, un cambio de mentalidad que va del proceso a los resultados, de la mística a los objetivos.


THE AFFAIRS OF LIDIA, de Bruce LaBruce. Lejos, muy lejos, estoy de ser un especialista en el cine de LaBruce, por lo que no puedo poner los logros (o la falta de ellos) de esta película en contexto respecto a su obra y a su estilo. En principio solo podré decir que se trata de una comedia en estilo clásico en cuanto a los enredos románticos que propone, solo que en el marco de un film softcore erótico (la versión porno completa se puede ver en el sitio de la productora Erika Lust) pansexual.

Lidia (Skye Blue) es una modelo que descubre que su marido Michelángelo (Markus Kage) está teniendo un affaire con un hombre, Sandro (Drew Dixon), fotógrafo de modas. A su vez, Piero (Sean Ford), el novio diseñador de Sandro, sospecha que su pareja tiene affaires con mujeres, algo que también es cierto. En plan venganza, Lidia tiene un affaire con Sandro pero a la vez se hace amiga de Piero, lo cual complica la situación.

Liviana al borde de lo tontuelo, con escenas eróticas claramente cortadas para una edición «festivalera», THE AFFAIRS OF LIDIA está a mitad de camino entre una parodia de una comedia clásica de enredos románticos con una película erótica que apunta a un público que no piensa en límites o en géneros cuando se trata de sexo. Probablemente de las películas más accesibles del realizador canadiense.


BEAUTIFUL BEINGS, de Gudmundur Arnar Gudmundsson

MI VACIO Y YO, de Adrián Silvestre. Este film de ficción se apoya en las experiencias reales de su protagonista, una joven trans francesa que reside en Barcelona y que trabaja atendiendo en un call-center pero sueña con ser diseñadora. Parte de su recorrido navegando a través de cuestiones de género se narra aquí, comenzando por su decisión, un tanto sorpresiva hasta para ella misma, de empezar a transicionar, con los miedos y desafíos que eso conlleva en paralelo a su complicado camino por el mundo de las citas online, yendo de fracaso en fracaso y de una situación complicada a otra, casi sin respiro.

Raphi es una chica que se ilusiona con encontrar el hombre perfecto («el príncipe azul», como ella misma reconoce) con el que formar una relación estable, algo que parece imposible de conseguir y que fracasa aún con las personas y en los momentos más promisorios. Dudando respecto de hacer o no la operación de cambio de sexo se acerca a grupos de mujeres que ya han pasado por similar situación y a la vez se involucra con un grupo de teatro que la convoca a contar su historia. Todos estos descubrimientos terminan siendo más importantes para Raphi que las citas o los hombres con los que lidia. Es allí que aprende a valorarse a sí misma sin esperar todo el tiempo la aceptación ajena.

Silvestre cuenta de una forma muy honesta, fresca y humana los conflictos y contradicciones que vive Raphi ligados a los cambios que atraviesa y a sus comprensibles inseguridades. Quizás MI VACIO Y YO pueda no ser el film más complejo, inventivo o relevante hecho sobre este tema, pero sí es uno que se acerca a sus protagonistas de un modo franco, uno que por momentos se asemeja bastante al registro documental. Queda claro, especialmente, en los momentos en los que Raphi se acerca a grupos de ayuda/debate y a la compañía teatral, que mucho de lo que se cuenta aquí tiene aspecto de reconstrucción de algo previamente vivido. Y eso atraviesa toda esta modesta pero íntegra película sobre las distintas transiciones que su protagonista debe hacer. Las exteriores, sí, pero también las otras, las que llevan a aceptarse y a quererse a sí misma.


1970, de Tomasz Wolski. Esta original propuesta polaca se organiza en torno a audios de llamadas telefónicas archivadas y recuperadas en las que los ejecutivos del gobierno de ese país se comunicaban entre sí en medio de una tensa situación política que tuvo lugar en 1970. El disparador del conflicto social fue un aumento en los precios de la carne y de otros comestibles en medio de una situación ya de por sí política y económicamente complicada. Ese aumento hizo salir a la gente a las calles y a manifestarse contra el gobierno de una manera cada vez más tensa. Y los políticos de turno no tuvieron mejor idea que salir a reprimir las manifestaciones.

Lo que Wolski obtuvo son los audios de las conversaciones y la manera que encontró para ponerlas en escena fue mediante la animación tipo stop-motion, convirtiendo a cada una de esas figuras reales, de carne y hueso, de la historia política de su país, en muñecos que hablan con las voces de los personajes reales. Si bien la cantidad de personajes por momentos desorienta al espectador (son muchos los que se comunican entre sí) y resulta difícil por momentos saber quien dice qué cosa a quien, de a poco Wolski va creando una inevitable tensión respecto a esta manifestación que se extenderá a varias ciudades del país y que culminará, previsiblemente, de manera violenta.

A las escenas capturadas vía animación en lúgubres salones gubernamentales, el director les agrega algunas imágenes de los noticieros de la época –muy crudas y potentes– que dan cuenta de una manera más clara y directa de las consecuencias concretas de esos diálogos entre los poderosos, que deciden el destino de la gente mientras miran desde alguna ventana de sus oficinas. De algún modo, metafóricamente hablando, la película captura a la perfección la distancia que hay entre esas criaturas plásticas que dan órdenes y las personas reales que las sufren en carne propia.


ZAMA, de Lucrecia Martel

COLD WAR, de Pawel Pawlikowski

CORPUS CHRISTI, de Jan Komasa

ELVIS, de Baz Luhrmann

EVERYTHING EVERYWHERE ALL AT ONCE, de Daniel Scheinert y Daniel Kwan

BOTH SIDES OF THE BLADE, de Claire Denis

DOTTRAR, de Jennifer Malmqvist. Este documental sueco sigue a lo largo de una década a tres niñas (luego adolescentes) cuya madre, bipolar, se suicidó siendo dos de ellas muy pequeñas. A lo largo de filmaciones que las capturan en varias etapas de esa década, juntas o separadas, la película va siguiendo sus vidas en paralelo y haciéndolas reflexionar sobre el hecho clave que modificó sus futuros para siempre, además de ir mostrando sus cambios, idas y vueltas.

Se trata de una película sentida y emotiva, que sin embargo no encuentra el modo de transformarse en universal o representativa. Es de esos films claramente centrados en funcionar como una suerte de terapia familiar y, en ese sentido, es sorprendente el estilo casi sentimental que desarrolla, viniendo de un país como Suecia. Algunas escenas se destacan (las visitas a la casa familiar de su infancia, por ejemplo), pero durante gran parte de su metraje asistimos a conversaciones entre las hermanas que seguramente son más interesantes y curativas para ellas que para el resto de los mortales.


MUSEUM OF THE REVOLUTION, de Srdan Keča. El aparentemente engañoso pero sutilmente pertinente título de este documental relaciona la historia que vemos con el contexto político y el espacio físico que la contiene. Lo que el realizador sigue, de modo discreto pero íntimo, es a una niña, su madre y a una señora mayor (que no es su abuela pero bien podría serlo) que viven en los márgenes de Belgrado, Serbia, recorriendo las calles, ganándose la vida como pueden, viviendo en condiciones deplorables y juntando dinero para sobrevivir. Pero el film no está ocupado en mostrarlas de modo miserabilista ni mucho menos.

Al contrario, es una historia que pone en primer plano su resiliencia, la manera en la que superan contratiempos (violencia familiar, de género, urbana) y la evidente pobreza tratando siempre de encontrar soluciones a sus problemas de un modo que por momentos recuerda a THE FLORIDA PROJECT. Si bien la película comienza de manera oscura, casi remedando en estilo a Pedro Costa (el «museo de la revolución» en cuestión fue un proyecto inconcluso y hoy es un espacio arquitectónico lúgubre y en desuso ocupado por alguna gente sin techo), de a poco se va volviendo un tanto más luminosa y accesible. Un gran descubrimiento.


ANONYMOUS CLUB, de Danny Cohen. La cantante y guitarrista australiana Courtney Barnett es la protagonista de este íntimo documental musical que la acompaña a lo largo de una serie de giras pre-pandémicas y cuyo principal sostén está dado por las grabaciones que Barnett va dejando en un dictaphone para el director de la película, contándole sus sensaciones e impresiones durante la gira en cuestión.

No es una biografía exhaustiva la que se cuenta acá y, más allá de algunas versiones en vivo, no se escuchan mucho sus canciones, sino que funciona como un film que apreciarán más sus fans, ya que es un deep dive en sus sensaciones y miedos. Una de las particularidades de Barnett es la forma abierta en la que habla de sus ataques de pánico, sus depresiones y la manera en la que muchas veces siente que lo que hace no tiene ningún sentido. Y Cohen hace eje en eso.

A lo largo del film la cantante irá empezando a encontrar cierta comodidad y «esperanza» en su futuro, ligadas a algunas decisiones profesionales y personales. Por momentos –quizás por el modo noctámbulo que Courtney tiene de dejar sus mensajes de voz, tipo 5am–, la película se regodea excesivamente en los bajones anímicos de una artista que, curiosamente, hace temas bastante llenos de energía rockera tanto en sus discos como en vivo. Así, la película se convierte en un diario de viaje y una suerte de acompañante terapéutico del proceso que la artista lleva adelante para empezar a tolerar mejor su trabajo y su vida.


SONIC FANTASY, de Marcos Cabota. Los derechos musicales de las películas son un tema muy complicado cuando se trata de hacer un documental sobre, bueno, sobre música. Es comprensible, por un lado, que un cineasta que tiene una gran idea para un documental no quiera ceder ni arrepentirse de lo que está haciendo porque un artista decide no cederle los derechos de su música. Pero a la vez hacer un film sobre un proceso musical sin poder escuchar ese proceso es lo mismo que girar sobre el vacío. Y ese es el gran problema que tiene este film centrado en el legendario ingeniero de grabación Bruce Swedien, pero más específicamente en su máximo éxito: Thriller, de Michael Jackson.

Hablar de los procesos de Swedien, de las dificultades e invenciones creativas para mejorar el sonido del disco, de los músicos y sus aportes específicos, de los detalles de la grabación y de la manera en la que el talentoso y obsesivo Jackson se ocupaba de todo es muy interesante. Pero si no se puede escuchar absolutamente nada de lo que hicieron porque el director no consiguió, previsiblemente, los derechos de la música vuelve a todo el asunto un ejercicio hueco, vacío, sin sentido. Una pena, porque es evidente que las ideas de Swedien son brillantes y a uno solo le queda imaginar las diferencias. Quizás, en YouTube, uno pueda encontrar más cosas de las que ofrece, musicalmente, este documental. Acá están, sí, las entrevistas. Pero con eso no alcanza.


LOS INSOLITOS PECES GATO, de Claudia Sainte-Luce

SOMOS MARI PEPA, de Samuel Kishi. Una amable y simpática película acerca de los miembros de una banda de punk rock adolescente que va a competir en un concurso de bandas, pero que solo tiene una canción en su repertorio y componer la segunda no les resulta del todo sencillo. La película sigue principalmente a uno de ellos, el guitarrista, pero se centra especialmente en la relación entre todos ellos, cuya canción es zarpada, sexualmente brutal y bastante agresiva pero en persona son unos adolescentes de 16 años bastante tímidos y atribulados ante la presencia de las chicas. Esa simpática ironía recorre todo el filme, haciendo que uno pueda por momentos pasar por alto ciertas deficiencias narrativas por estar empapado del entusiasmo y energía de estos chicos de Guadalajara.